viernes, noviembre 14, 2014

Pedir Perdón a una Prostituta

clip_image002 Pedir Perdón a una Prostituta

Por Ed Welch

Parece obvio, pero nunca he sugerido los siguiente: si un hombre ha estado con una prostituta, es adecuado para él pedirle perdón. Considere esta historia.

El sexo dominó la vida de este hombre. Él pagó para entrar en discotecas donde pudo conocer a mujeres, y pagó para estar con prostitutas. Cuando no estaba haciendo estrategias de cómo tener relaciones sexuales, pagó por pornografía.

Cómo Dios recibe nuestra atención es un misterio, pero llamó la atención de este hombre. Una relación con un pastor local amable fue uno de los medios.

Con los ojos abiertos ahora, este hombre realmente quería crecer. Se apartó de su viejo estilo de vida, a pesar de que de vez en cuando era atraído. Todo el tiempo, estaba abierto con su pastor y continuó la batalla. Luego, dos años después de que fue rescatado espiritualmente, tuvo relaciones sexuales con una prostituta. Cuando le dijo a su pastor, una parte del consejo del pastor fue a pedir perdón a la prostituta. El pastor sugirió que escribiera una carta, llevara a alguien con él, y la entregara a la mujer.

El hombre se quedó atónito. Nunca había oído hablar de tal cosa. Desde luego, no podía imaginar haciendo una cosa así. Por primera vez, le dijo al pastor que no podía seguir su consejo, y que parecía ser su última palabra.

Su última palabra sólo duró alrededor de una hora. Para entonces él comenzó a ver que esta era la manera de vivir en el reino de Cristo. Rápidamente escribió una carta a ella y estaba listo para entregarla.

Había una pequeña complicación. La prostituta era de otro país y la carta, si tendría sentido alguno para ella, tenía que estar en su idioma. Así que solicitó la ayuda de un hombre en la congregación que conocía ese idioma. En otras palabras, él estaba dispuesto a ir más público con lo que hizo. A pesar de su vergüenza estaba gritando permanecer oculto, tenía la carta traducida. Al día siguiente, a primera hora, él la buscó.

Cuando él la saludó, le ofreció una explicación muy simple de por qué estaba allí y le dio la carta. En ella, él había escrito que el Espíritu de Dios le había traído convicción, Jesús lo había perdonado, pero sus acciones la había dañado a ella también, así que quería pedirle perdón.

Leyó la carta con cuidado. En el momento en que la termino de leer, una lágrima ya estaba cayendo de su rostro.

Ella levantó la vista y dijo: “Yo te perdono.”

Él le dio las gracias.

Y ella respondió: “No, gracias a ti.”