Leyendo la Biblia por Diezmilésima Vez
Somos buenos aprendiendo nuestro entorno, ¿no? Después de vivir en un lugar durante muchos años, conocemos hasta el último detalle. Sabemos qué ruidos son normales y qué goteos y golpes requieren una llamada telefónica. Sabemos los puntos fríos de cada habitación, la cantidad de escaleras entre los pisos y qué pisos suenan más fuerte. Si es necesario, podríamos encontrar nuestra cama en la oscuridad más profunda, porque conocemos nuestro lugar. Es la casa.
Para algunas personas, esta familiaridad es reconfortante. Les gusta el calor y la seguridad que se obtienen al conocer un lugar dentro y fuera. Pero para otros, la comodidad los hace sentir incómodos. Parece aburrido y seco, como una boca llena de avena cruda. Comienzan a buscar algo nuevo.