viernes, febrero 20, 2015

Pecado: No Puedo Vivir con El, No Vivo Sin El

clip_image001Pecado: No Puedo Vivir con El, No Vivo Sin El

Por Tim Challies

Pecado. No puedo vivir con el, pero una y otra vez he demostrado que yo no soy capaz de vivir sin él. Sé que he sido liberado del pecado –liberado del poder del pecado – y sin embargo todavía peco. La Biblia me dice que no reine el pecado, me dice que si soy un verdadero hijo de Dios no voy continuar en el pecado (Romanos 6:12, 1 Juan 3: 9). Y todavía peco. Incluso en esos momentos en que centro mis esfuerzos en un pecado en particular me parece que yo soy incapaz de parar, incapaz de llevarlo en su totalidad a la muerte. Mi mente no puede hacerlo, mi corazón no puede hacerlo, mi voluntad no puede hacerlo, mis manos no pueden hacerlo. Puede que no reine como soberano, pero continúa existiendo como una prueba y una tentación constante.

En The Christian Life: A Doctrinal Introduction por Sinclair Ferguson escribe sobre esta relación complicada del pecado al cristiano y ofrece estas palabras de seguridad: "Ya no somos lo que fuimos; Ya no estamos relacionados con el pecado de la manera que una vez lo estábamos.” Esto es importante para mí de entender y de mantenme en la vanguardia de mi mente mientras batallo con pecado –cualquier pecado. Yo no soy lo que fui. Yo no soy quien una vez fui. Una vez fui un esclavo al pecado, propiedad de él, inexorablemente atraído por el. Pero ahora yo soy el esclavo de un maestro diferente. Estoy poseído por Dios y sujeto a él. Mi relación con el pecado se ha transformado radicalmente.

Y sin embargo, yo todavía me enojo. Todavía arremeto con ira. Todavía fermento en ira. Todavía tengo deseos que se derivan de la ira y sufren las consecuencias de mi ira. Y eso es sólo un pecado. Todavía tengo lujuria y todavía soy celoso y sigo siendo ingrato y aún peco de muchas maneras. He muerto al pecado, pero el pecado todavía no ha muerto dentro. Pero aquí está la diferencia; aquí está el cambio: El pecado ya no tiene dominio. Y prácticamente no puedo relacionarme con el como si tuviese dominio. Tengo que asegurarme de que mi experiencia del pecado es consistente con mi teología del pecado.

La ira no es mi dueño. Cristo es mi dueño. La lujuria no me motiva. Cristo me motiva. Los celos no obtienen la victoria final. Cristo obtiene la victoria final. La cruz está allí como garantía de que me ha salvado de su poder y algún día seré totalmente y finalmente liberado de su presencia. El pecado está en mí, pero yo estoy en Cristo. Y lo que hay en mí fue puesto sobre él en la cruz. Él triunfó sobre él entonces. Rompió su poder. Y ahora solo espero, luchando todo el tiempo, por el para hablar la palabra y ponerle fin de una vez por todas.