lunes, febrero 23, 2015

La Necesidad de la Predicación Expositiva

clip_image002La Necesidad de la Predicación Expositiva

Por Derek Thomas

 

De acuerdo con el legendario golfista Jack Nicklaus, la mejor cosa que jamás hizo fue descubrir al maestro "fundamentalista" Jack Lechada, quien le enseñó los fundamentos que ha seguido desde entonces. Los grandes predicadores, como los grandes golfistas, siguen las reglas básicas. Cuanto más se practican estas reglas, mejor se convierten.

Una de esas reglas, puesta sucintamente en prosa que ahora suena anticuada, pero que es tan necesaria ahora como cuando fue escrito pro primera vez, viene del Directorio para La Adoración Publica de Dios, escrita en 1645 por los teólogos Asamblea de Westminster. Al plantear una cuestión del texto, el directorio, dice, los predicadores deben asegurarse que “sea una verdad contenida en o fundamentarse en este texto, que los oyentes pueden discernir cómo Dios lo enseña de allí.” En otras palabras, la predicación debe permitir a aquellos que la escuchan, entender sus Biblias.

Al establecer este principio, los teólogos estaban siguiendo el primer libro sobre homilética producido por la Reforma Inglesa, The Art of Prophecying de William Perkins (1617), que incluía esta instrucción: “La Palabra de Dios solo ha de ser predicada, en su perfección y consistencia interna. La Escritura es el tema exclusivo de la predicación, el único campo en el que el predicador debe trabajar.

Por increíble que parezca, Perkins consideró necesario subrayar el hecho de que los predicadores deben predicar la Biblia y la Biblia sola. Como Pablo instó a Timoteo, la tarea del predicador es "predicar la palabra" (2 Tim. 4: 2).

Anteriormente, Pablo había asegurado a los Corintios que él y sus compañeros no eran “como muchos, que comercian con la Palabra de Dios” (2 Corintios 2:17). La palabra que Pablo emplea aquí, kapeleuo, se traduce indistintamente como "traficar", "corrupto" o "hacen engaño"; la Nueva Traducción Viviente traduce el verso, “no somos como tantos charlatanes –y hay muchos de ellos – que predican para provecho personal.” Esta palabra viene del mundo de la antigua taberna de mantenimiento. Se sugiere la práctica de la "mezcla, adulterando, y dando mala medida." Pablo estaba preocupado por la pureza y la honestidad en el manejo de las Escrituras.

Encargó al joven Timoteo nuevamente para presentarse ante Dios “aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.” (2 Tim. 2:15). La palabra que se traduce en muchas versiones como "manejar" o "dividir" en realidad significa "cortar" (orthotomeo). Timoteo debía conducir un camino recto a través de la Palabra de Dios y no desviarse hacia la izquierda o hacia la derecha. Él debía “predicar la palabra,” lo que significa no sólo que él debía predicar de la Biblia, pero que debía exponer el pasaje en particular que estaba predicando porque la Escritura, como Pablo le recuerda a Timoteo, es “inspirada por Dios” ( 2. Tim. 3:16).

La predicación expositiva es un corolario necesario de la doctrina de la naturaleza respirada por Dios de las Escrituras. La idea no es tanto que Dios sopló sobre las Escrituras, sino que las Escrituras son el producto de Su exhalación. Independiente de lo que podemos sentir acerca de la Biblia mientras la leemos, la Escritura mantiene una calidad "inspirada de Dios". Por lo tanto, el predicador es hacer que la Palabra de Dios sea conocida y que sea comprensible. Él ha de limitarse a ella sin adición o sustracción. Como Alec Motyer ha escrito: “Un ministerio expositivo es la respuesta adecuada a una Escritura inspirada por Dios. Central a todo esto es que la preocupación que la palabra ‘exposición’ en sí venera: una visualización de lo que está ahí.

Tal ministerio de la palabra centrada y basada sobre la Escritura divinamente dada (como Pablo deja claro a la iglesia de Éfeso), cumple cuatro objetivos todos a la vez: edifica a la Iglesia en la fe y el conocimiento; lleva a los creyentes a la madurez marcada por una estabilidad espiritual; produce un pueblo cuyas vidas están llenas de integridad; y equipa a la iglesia para el servicio para que cada miembro participe en el ministerio hacia los demás (Efesios 4:12-16.).