jueves, enero 29, 2015

¿Cree que Dios Salvará a Sus Hijos?

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¿Cree que Dios Salvará a Sus Hijos?

Por Tim Challies

Hay pocas cosas por las que oro con mayor frecuencia o intensidad que la salvación de mis hijos. Anhelo que sean salvos, y anhelo para poder llamarles no sólo mi hijo e hijas, sino mi hermano y hermanas. Anhelo que profesan la fe, y que aquellas profesiones demuestren ser verdad.

Yo no sólo ruego y lo anhelo. Yo lo creo. Yo creo que Dios los salvará. Creo que los salvará, porque eso es lo que él hace, él salva. Creo que los salvará, porque eso es lo que él es, él ama salvar. Yo creo que él va a salvarlos porque desde su infancia han estado expuestos una y otra vez al poderoso evangelio de la gracia, y ese evangelio es demasiado bueno y demasiado poderoso como para no hacer nada.

Yo lo creo, pero a veces me encuentro tratando de cubrir mis apuestas sólo un poco. A veces trato de traer mis obras ante el Señor, añadiendo un poco de mi mérito a su cuenta.

A veces me alejo del evangelio de la gracia de Dios y comienzo a confiar en las obras –no sus obras, sino en las mías. A veces trato de traer mis obras ante el Señor, añadiendo un poco de mi mérito a su cuenta.

Puedo encontrarme a mí mismo poniendo mi confianza en la formación de la cosmovisión, creyendo que si sólo puedo hacerles pensar bien, se volverán a Cristo. O puedo encontrarme poniendo mi confianza en la formación bíblica, convencido de que si sólo puedo lograr que conozcan los suficientes datos acerca de la Biblia, ellos creerán en el Dios de la Biblia. Y por un momento puedo estar seguro, al menos hasta que recuerdo todos los chicos con los que crecí que conocían su Biblia y su cosmovisión y su catecismo, y que abandonaron todo en el momento en que salieron de la autoridad bajo sus padres. O hasta que me encuentro con otros niños que se ven mucho más avanzados que los míos. Y luego, en la desesperación, tengo que admitir que lo que edificio tambaleante he construido.

En esos momentos tengo que recordarme a mí mismo tener cuidado de lo que deseo. Tengo que tener cuidado con lo que espero, o en lo que espero. Puedo ir ante el Señor y suplicar todas las cosas que he hecho bien por mis hijos, pero si hago eso, yo también tengo que ir delante de él para admitir todas las cosas que he hecho mal. Y él, mejor que nadie, sabe lo mucho que he hecho mal. ¿Realmente quiero aprovechar esta contabilidad delante de él? La matemática es simple: Si todas las cosas buenas cuentan para su salvación, entonces todas las cosas malas deben contar para su perdición. Y si ese es el caso, yo, de todos los padres, soy el más digno de lástima.

Así en lugar de esto, encomiendo sus almas a él. Coloco mi confianza en él, y en su carácter y en su Palabra. Este es un acto de la voluntad –tengo que esforzarme por creerlo, y ampliar mi fe para mantenerme firme en ello. Y luego, en la confianza, hago lo que es recto delante de mis hijos mientras Dios abre los ojos para ver la razón: yo les enseño la Biblia, les ayudo a construir una cosmovisión cristiana , les cuento todo acerca de Jesús, y los involucro en una comunidad cristiana. Sobre todo simplemente los amo de una manera que refleje el amor de Dios para mí. Yo no hago todo esto con el fin de acumular favor, sino debido a que estos son los medios que Dios usa para salvar a su pueblo, para exponerlos como pecadores y para revelar el Salvador.

Hago lo que está bien y confío en su gracia, pidiendo no mi propio mérito, sino el mérito de Cristo, no confiando en mis propias obras, sino en la obra de Cristo. Y oro –oro para que el Dios que gentilmente extendió favor hacia mí que no lo merecía, lo extenderá a mis hijos que no lo merecen también.