jueves, enero 29, 2015

Matando al Rey

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Por Jesse Johnson

Dios hizo a la gente con el fin de deleitarse en su gloria. Nos deleitamos en su gloria al regocijarse en su carácter, y creer por la fe en sus promesas. La naturaleza de esta fe resulta tanto en un odio por el pecado, así como un gozo ansioso en aprender más y más acerca de Dios.

Pero a causa del pecado, la fe no viene naturalmente. De hecho, la gente se rebela contra Dios, y muchas veces lo rechazan junto con sus promesas. Cuando eso sucede, la gente pecadora no se contentan con un vacío –sino que tratan de sustituir el gozo que se puede encontrar sólo en Dios con una búsqueda de felicidad en otro lugar.

A veces buscan el pecado flagrante, a veces confían en hombres falibles, otras veces buscan sentido y plenitud en la justicia propia.

Esto se llama idolatría, y los ídolos siempre (y predeciblemente) fallan, y cuando fallan las personas se vuelven contra ellos y también en contra de Dios. Culpan a Dios, aumentan su odio contra él, y rechazan más sus promesas.

Esta escena se desarrolla en las páginas de 1 Samuel. Desde el llamado de Abraham hasta el nacimiento de David, Israel no tenía rey, sino Dios. Sin embargo, a lo largo de los días de los jueces, ellos rechazaron a Dios, y finalmente exigieron que Dios les diera un rey terrenal para gobernarlos "como las otras naciones tienen". Dios les concedió su petición, y les dio a Saúl.

Como era de esperar, Saúl falló como rey. Él no trajo la paz de sus enemigos nacionales. Tampoco hizo traer la paz internamente. El no llevo al pueblo hacia fidelidad al pacto con Yahvé. Cuando su rebelión culminó en un acto flagrante de desobediencia, se le dijo a Saúl que ya no sería más el rey, y en su lugar Israel recibiría su primer rey piadoso; un hombre conforme al corazón de Dios.

Lo que sigue en 1 Samuel 17-31 es la historia de cómo todo el mundo trató de matar al rey. Saúl se volvió contra David-el verdadero rey-e intentó asesinarlo en un vano intento de deshacer el pacto de Dios prometido de una vez por todas. Pero cuanto más Saúl trató de matar a David, más en realidad se estaba matando a sí mismo. Creció más y más lejos del Señor, hasta que finalmente murió en una batalla absurda. Su vida era simplemente una de las muchas víctimas de la guerra de Israel contra el Señor, su verdadero rey.

De esta manera, en la última mitad del 1 Samuel está a punto de matar al rey. El intento de Saúl sobre la vida de David, el intento de Israel de ser libre de Jehová, y el verdadero rey no encontrando lugar en su reino para seguridad y verse obligado a huir (e incluso fingir su propia muerte). No debería sorprendernos que todo el mundo no logró derrocar a Dios. Su rey tomaría el trono, y él construiría un reino eterno.

Si usted hace un ídolo su rey (o un rey su ídolo), no se sorprenda cuando al final de su vida se de cuenta que para todo lo que ha vivido fallado, y sólo el rey de Dios permanece. Su reino no puede ser sacudido, y en un intento de matar al rey de Dios, sólo se estará matando a sí mismo.