martes, enero 27, 2015

Que Sea Pacífico y No Pendenciero

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Por John MacArthur

El más alto cargo de la iglesia exige el más alto carácter moral. Y una de las indicaciones más precisas del verdadero carácter de un hombre es cómo responde cuando es desafiado o criticado. Por eso Pablo excluye a las personas pendencieras del oficio de anciano o pastor.

Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso (1 Timoteo 3:2-3, énfasis mío)

Pendenciero significa literalmente "un dador de golpes", o "un rudo." Un líder en la iglesia no debe ser una persona que reacciona a la dificultad con violencia física. No debe resolver los conflictos peleando.

Del mismo modo, un anciano no debe tener una propensión a la ira. Las personas belicosas normalmente tienen un "corto circuito" y son provocados fácilmente. Pero los que dirigen al pueblo de Dios deben reaccionar a las situaciones con calma y con delicadeza (ver 2 Timoteo 2:24-25).

En lugar de ser agresivo, un líder debe ser amable. Amable describe a la persona que es considerada, cordial, tolerante y clemente, que perdona fácilmente los fracasos y errores. Una persona así se acuerda del bien, no del mal. Un líder piadoso, cuando es agraviado, no debe tener ningún pensamiento de venganza.

Lejos de buscar venganza, el pastor piadoso es pacífico y reacio a pelear –en palabras de Pablo, él es no contencioso. Más específicamente, él no es una persona argumentativa. Tener a un hombre conflictivo en liderazgo resultará en una desunión y falta de armonía, lo que dificulta seriamente la efectividad de ese equipo de liderazgo. El “Y el siervo del Señor,” por el contrario, “no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido” (2 Timoteo 2:24).

Como Santiago señala, “pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios.” (Santiago 1:20). El pastor calificado debe evitar cuidadosamente un espíritu de hostilidad, resentimiento e ira, incluso cuando todo en la iglesia parece estar yendo por el camino equivocado y la gente es crítica o indiferente.

Demasiados pastores han arruinado su ministerio mediante la creación de un archivo de daños causados ​​a ellos. He conocido a hombres que abandonaron sus iglesias y dejaron el ministerio porque no pueden superar el hecho de que alguien los critica, dicen algo en contra de ellos, o hacen algo que les molesta. Llevan consigo una lista de agravios que a la larga hace que sea imposible que se sirvan y dirijan.

Otros hoy adoptan un machismo inmaduro. Les encanta y celebran el descaro y la violencia como una medida de su hombría. Ellos hablan y actúan para combatir la influencia de una cultura feminista. Sin embargo, su volatilidad y arrogancia no tienen nada en común con la hombría bíblica, y evita que fielmente pastoreen al pueblo de Dios.

En cambio, el pastor piadoso es suave y apacible, dirigiendo a la iglesia con amabilidad y paciencia. En lugar de buscar una pelea, él está buscando servir. Dejando a un lado su propio ego, orgullo e interés propio, se somete a Dios con gozo y con gracia se sacrifica por su congregación.

(Adaptado de The MacArthur New Testament Commentary: 1 Timothy and The MacArthur New Testament Commentary: Titus.)


Disponible en línea en: http://www.gty.org/resources/Blog/B150127
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