jueves, diciembre 25, 2014

Por qué Conocemos Tan Poco Acerca del Nacimiento de Jesús

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Por qué Conocemos Tan Poco Acerca del Nacimiento de Jesús

Por Tim Challies

Conocemos tan poco sobre del nacimiento de Jesús. Si bien ha sido objeto de miles de millones de dramatizaciones y especulaciones sin fin, el historiador Lucas le da toda una sola frase: " Y dio a luz a su hijo primogénito; le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón."

Es casi frustrante, ¿no es así? Si yo hubiera estado escribiendo la historia de la vida de Jesús, yo habría escrito párrafos y páginas. Yo habría explicado por qué María viajaría con José, para empezar, por qué nadie en Belén les dio la bienvenida en su casa, por qué no había mejor lugar para que se quedaran que un granero, quien estaba con ellos cuando nació ese bebé, y tantas otras cosas. Yo hubiera rellenado todos esos detalles y eliminado toda la especulación.

Pero ¿sabes qué? Probablemente habría ahogado la historia en detalles. Dios no nos da todos los detalles que queremos, pero siempre nos da los detalles que necesitamos.

Cuando se trata del nacimiento de Jesús, tenemos todos los detalles que necesitamos para entender una cosa con la mayor claridad: Jesús se presenta como el más pequeño. Lucas abre esta parte de su relato de la vida de Jesús con el nombre de César Augusto, el poderoso emperador, el hombre que puede hablar una palabra y hacer que millones de personas hagan su voluntad. Con una palabra puede obligarlos a viajar grandes distancias para hacer algo tan simple como registrarse para la tributación. Se trata de César el fuerte, César el soberbio, César el poderoso.. Él es el más grande emperador del imperio más grande, y el hombre más poderoso del planeta.

Y luego Lucas cambia su atención a un pequeño bebé, nacido en las circunstancias más ignominiosas. Nacido de una virgen, nacido fuera de casa, nacido en un establo, enterrado en un comedero. El contraste es fuerte e innegable.

Nos gustaría imaginar, por supuesto, que el Mesías habría de nacer grande, un hijo del gran privilegio. Es de esperar que él iba a nacer en las circunstancias más dignas de un rey. Él debería haber nacido a la realeza, no a los campesinos, debería haber nacido en un palacio, no un granero, él debería haber nacido rodeado de los mejores médicos que le harían entrar en el mundo con seguridad.

Pero no. Todos en el pueblo le dan la espalda a sus padres. Ellos no tienen otro lugar a donde ir, así que nacen en un establo y se sientan a descansar en un pesebre.

¿Por qué? Debido a que Dios nos enseñará algo a través de Jesús. Él nos enseñará que vemos este mundo totalmente al revés. Él nos enseña que la manera de ser grande a los ojos de Dios es siendo nada ante los ojos del mundo. Él nos enseña que el camino a la exaltación es a través de la humillación, de que el camino hacia arriba es ir hacia abajo. Y él lo enseñará primero y mejor a través de su propio Hijo, “el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo[a] tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.” Él vino como el más pequeño, y él vino por los más pequeños.