domingo, noviembre 15, 2015

22 Errores Que los Pastores Cometen en la Práctica de Disciplina de la Iglesia

Post-ESJ-189

22 Errores Que los Pastores Cometen en la Práctica de Disciplina de la Iglesia

by Jonathan Leeman

Los pastores cometen a veces los siguientes errores en referencia a la disciplina formal de iglesia:

1) No logran enseñar a sus congregaciones qué es la disciplina eclesial y por qué deben ejercerla.

2) No logran ejercer una membresía responsable, la cual incluye: (1) Enseñar a la gente lo que la membresía implica antes de unirse a la iglesia. (2) Animar a los visitantes esporádicos a unirse a la iglesia. (3) Entrevistar cuidadosamente a todos los que quieran unirse a la iglesia. (4) Supervisar regularmente a todo el rebaño. (5) Mantener una lista de miembros actualizada que refleje con precisión quién asiste a las reuniones semanales.

3) No logran enseñar a sus congregaciones acerca de la conversión bíblica, en especial, la necesidad de arrepentirse.

4) No logran enseñar a los nuevos miembros, cuando se unen a la iglesia, acerca de la posibilidad de la disciplina eclesial y que no se acepta la dimisión preventiva.

5) No logran comprobar que los documentos públicos de la iglesia (ordenanzas, constituciones, estatutos eclesiales, etc.), contienen el proceso de la disciplina eclesial, exponiendo a la iglesia, por tanto, a un riesgo legal.

6) No logran seguir los pasos de Mateo 18 o 1 Corintios 5 (dependiendo de la circunstancia). Por ejemplo, en el caso de Mateo 18, equivocarse al no iniciar el proceso confrontando el pecado en privado.

7) Calculan mal con qué rapidez iniciar la disciplina formal, a veces ralentizando sus pasos, otras, precipitándose en su juicio.

8) No logran enseñar apropiadamente a la congregación y explicar por qué es necesario un acto disciplinario en concreto.

9) Le explican a la congregación demasiados detalles acerca de un pecado concreto por el que están recomendando la disciplina, avergonzando a los miembros de la familia y provocando que las ovejas más débiles tropiecen.

10) Abordan el proceso de la disciplina exclusivamente como un proceso legal, sin pensar en pastorear el corazón de la persona impenitente.

11) Prestan poca atención a las diferencias entre tipos de pecadores y cómo esto influye en cuánto tiempo permitirá la iglesia un patrón pecaminoso antes de continuar con los subsiguientes niveles de disciplina (cf. 1 Ts. 5:14).

12) Olvidan que ellos también viven bajo la misericordia que provee el evangelio y, de esta manera, aplican la disciplina desde una postura de fariseísmo. Hay otros errores que emanan de esta postura errónea como, por ejemplo: un tono demasiado severo y frío.

13) No logran amar verdaderamente al pecador…porque no suplican al Señor por su arrepentimiento.

14) Exigen demasiado a la caña cascada y al pábilo que humea. En otras palabras, sus condiciones para el arrepentimiento son demasiado altas para alguien que ha sido profundamente esclavizado por la mordaza del pecado.

15) No logran instruir correctamente a la congregación acerca de cómo interactuar con el pecador impenitente como, por ejemplo: relacionarse con él en un contexto social o cómo buscar su arrepentimiento.

16) No logran animar a las personas disciplinadas a seguir asistiendo a las reuniones de la iglesia para que continúen oyendo la palabra de Dios (asumiendo que no hay ninguna amenaza, ni perjuicio penal). Tampoco logran explicar a la iglesia que todos deberían desear que la persona disciplinada continúe asistiendo a las reuniones.

17) Ponen toda la responsabilidad de dirigir el proceso en los hombros de un hombre, el pastor principal, provocando que la gente se sienta tentada a acusar a este pastor de revanchas personales.

18) No logran tener suficiente relación pastoral con la vida de la congregación, de tal manera que los ancianos desconocen el estado de las ovejas. Esta insuficiencia en disciplina formativa debilitará inevitablemente la habilidad de la iglesia para ejercer bien la disciplina correctiva.

19) No logran enseñar la palabra de Dios de manera constante y regular.

20) Permiten a la congregación abordar un caso disciplinario con un espíritu de retribución equivocado, en vez de con el deseo amoroso de advertir al pecador impenitente acerca del juicio venidero de Dios.

21) Aplican la disciplina por razones no bíblicas (jugar a las cartas, baile, etc.).

22) Aplican la disciplina por cualquier buen motivo; menos por el bien de la persona, el bien de la iglesia, el bien de la comunidad que los observa y la gloria de Cristo

Estas son del apéndice del libro de Jonathan Leeman Church Membership: How the World Knows Who Represents Jesus.