jueves, agosto 08, 2013

La Obediencia del Evangelio

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La Obediencia del Evangelio

Por Anthony Carter

 

El Espíritu de Dios es el Espíritu Santo. Y siempre que viene, viene con santidad y santificación. Aquí vemos que el objetivo amoroso de nuestra santificación es que el Espíritu nos va a cambiar. Dios nos está haciendo nuevos. El propósito en la elección no es sólo la eternidad con Dios en la felicidad sin pecado, sino que es la manifestación exterior de todos los días de nuestra salvación con el temor de Dios en nuestras vidas. Si somos elegidos, se mostrará en nuestro progreso hacia Dios en santidad y reverencia: “nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efesios 1:4). Dios nos eligió en santidad y nos escogió para santidad. La elección es el amor y la gracia de Dios para con nosotros. La santificación es el Espíritu de Dios obrando a través de nosotros para hacer segura esa elección y llamado (2 Pedro 1:10).

Sin embargo, como todos sabemos, a menudo antes de que podamos hacer algo nuevo, tenemos que derribar lo viejo. Mientras Dios nos está haciendo nuevos, Él también está derribando lo viejo, y no siempre se siente bien. Él nos está dando nuevas mentes, nuevos afectos, nuevas prioridades, incluso nuevos hábitos del habla. Como dice Pablo: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, nueva criatura es. Las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17.).

La obediencia gozosa es la única respuesta fiel al evangelio

La obediencia gozosa es la única respuesta fiel al evangelio La Biblia nos recuerda que nuestra obediencia es la obediencia de la fe (Rom. 1:5; 16:26). Es la consecuencia necesaria y fiel del amor de Dios en la elección de los pecadores para ser salvos en Cristo Jesús. Si amamos a Cristo, con gozo le obedeceremos (Juan 14:15). Los mandamientos de Cristo son los edictos amorosos de un maestro fiel. Al igual que Pedro (2 Pedro 1:1), Pablo (Rom. 1:1;. Filip 1:1), y Santiago (Santiago 1:1), no tenemos ningún problema en llamarnos a nosotros mismos esclavos de Cristo, quien es el único digno de nuestro amor y obediencia incuestionable.

Cuando yo era niño, yo obedecí a mis padres por lo que pensaba que iban a hacerme si no lo hacía (como la mayoría de los niños lo hacen). En tanto he madurado, así lo es mi obediencia. Hoy obedezco a mi madre no porque tengo miedo de lo que me vaya hacer, sino porque ahora me doy cuenta de todo lo que ha hecho por mí. Esta es la obediencia de la fe –la obediencia del evangelio. Obedecemos a Dios no porque tenemos miedo de lo que va a hacer a nosotros si no lo hacemos. Más bien, le obedecemos porque estamos conmovidos por todo lo que Él ha hecho por nosotros en Cristo Jesús.. Él amorosamente nos ha elegido y nos roció con la sangre que perdona pecados y de gracia abundante de Jesús.

Un extracto de Blood Work por Anthony Carter.