jueves, diciembre 03, 2015

Ser Como Dios: ¿Virtud o Blasfemia?

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Ser Como Dios: ¿Virtud o Blasfemia?

Por George Lawson

Buscando la piedad de la manera correcta

La primera tentación registrada en las páginas de la Escritura fue el desear ser como Dios.

“Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.” (Génesis 3:4-5).

No solamente fue el primer pensamiento malvado en la historia de la humanidad, sino que también fue el primer mal pensamiento en la historia angelical. Isaías relata este oscuro pasado como un paralelo a la historia del rey de Babilonia.

“Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Isaías 14:14)

La historia de Satanás comenzó con esta misma blasfemia y terminará con el mismo problema sin que el tiempo pueda curarlo. Conforme pasa el tiempo, aun con miles de años intermedios para alterar su curso, su anhelo de llegar a ser como Dios no ha sido eliminado. Tal anhelo no terminará, pues inclusive un día un hombre inspirado por Satanás se sentará en el tempo de Dios como una deidad falsificada, “… haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonisenses 2:1).

EL ANHELO DE SER COMO DIOS FUE LA RAÍZ DE LA CAÍDA DE SATANÁS

El anhelo de ser como Dios fue la raíz de la caída de Satanás. Fue este deseo que convirtió uno de los angeles más enaltecidos del cielo en un hijo de perdición. No existiría ninguna rebelión, ni diablo ni infierno si no fuera por ese deseo en el pensamiento. La raíz del primer pecado y todos los demás pecados que se han cometido desde entonces, pueden remontarse a un deseo ilícito de querer ser como Dios.

Como humanos no estamos invitados a unirnos a Dios en su posición de supremacía. Hay una distinción clara y permanente entre la criatura y el Creador. Isaías hace la pregunta retórica:

¿A quién, pues, asemejaréis a Dios, o con qué semejanza le compararéis? (Isaías 40:18)

Sin embargo Pablo emite este mandamiento en el libro de Efesios:

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados (Efesios 5:1).

En otras palabras, ¡SE COMO DIOS!

¿Cual es la diferencia entre las palabras de Pablo y el deseo de Satanás?

La diferencia se encuentra en que es lo que se desea imitar. Por un lado Pablo deseaba imitar la bondad de Dios, mientras que por el otro Satanás deseaba imitar la grandeza de Dios.

LOS TEÓLOGOS HACEN UNA DISTINCIÓN ENTRE LO QUE SE LLAMAN LOS ATRIBUTOS COMUNICABLES Y LOS ATRIBUTOS INCOMUNICABLES DE DIOS

Los teólogos hacen una distinción entre lo que se llaman los atributos comunicables y los atributos incomunicables de Dios. Primeramente existen ciertos atributos de Dios que comuna o comparte con su creación, como su justicia, misericordia y verdad. En segundo lugar existen atributos que están reservados sólo para Dios, como su soberanía, autosuficiencia y el derecho de ser adorado.

Cuando entendemos los versículos que nos animan a ser como Dios en su contexto, siempre vemos claramente que hemos de imitar a Dios en su bondad no en su grandeza. Al entender el contexto bíblico de cada uno de estos pasajes observamos que la distinción es clara entre lo que podemos y no podemos imitar de Dios.

Debemos perdonar como Dios: “ Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” (Efesios 4:32).

Debemos ser fieles como Dios, que nuestro sea sí y nuestro no sea no: “Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es Sí y No.” (2 Corintios 1:18).

Debemos ser santos como Dios, en lo que se refiere a nuestra manera de vivir: “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir.” (1 Pedro 1:15).

Debemos amar como Dios: “Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.” (1 Juan 4:11)

Satanás deseaba imitar a Dios de forma completamente equivocada. Él deseaba imitar el gobierno de Dios sobre la creación, no el sacrificio y amor de Dios. Esto se hace evidente en una de las declaraciones más difíciles que Jesús enseño:

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.” ( Mateo 5:44-45)

Al igual que Dios, estamos llamados a amar a nuestros enemigos.

Por cada persona que honra y glorifica a Dios, ¿cuántos más blasfeman su nombre? Ser Señor de toda la creación es ser Señor sobre personas rebeldes, blasfemas, ingratas y pecadoras. Sin embargo, aún así Dios demuestra su amor, paciencia y gracia para con sus enemigos (Juan 3:16).

Como pastor, estoy obligado a enseñar y modelar este tipo de amor delante de mi congregación (Efesios 5:1–2). Y al hacer esto debo recordar que la piedad es mucho más que meditaciones en silencio, oraciones privadas y lecturas asignadas, y que el liderazgo es más que ser obedecido, recibir honor y tomar decisiones (mi liderazgo no debe ser como los gobernantes gentiles en Mateo 20:25).

Debo de recordar que yo no estoy llamado a ser un gran hombre, sino que estoy llamado a ser un buen hombre. Eso significa que tengo la obligación de mostrar bondad a mis enemigos, orar por los que me persiguen y buscar formas de bendecir a aquellos que desean dañarme.

William Gurnall ilustra poderosamente la semejanza que queremos tener para nuestro Padre Celestial con estas palabras:

El milagro más grande del mundo es la paciencia y generosidad de Dios a un mundo ingrato. Si un príncipe tiene un enemigo dentro de sus terrenos, él no le envía provisiones, sino que sitia el lugar, y hará lo que pueda para matarlo de hambre. Pero el gran Dios, que en un simple cerrar de ojos podría traer destrucción a todos sus enemigos, tiene paciencia con ellos, y diariamente asume el costo de mantenerlos. Él que hace bien al malvado e ingrato bien puede mandarnos a bendecir a los que nos maldicen. (Citado en A.W. Pink, La Colección Esencial de Arthur W. Pink, 86)

Esto no quiere decir que no hay lugar para la justicia humana o la ira divina. Gurnall continua diciendo:

Pero no piense como los pecadores, que escapará también; el molino de Dios continúa lento, pero muele todo.

Por lo tanto, el que es fiel a la Escritura y al carácter de Dios, mostrará amor por sus enemigos mientras que sigue en pos de la piedad.

¿Es esto lo que usted enseña y modela delante de su pueblo? No estamos llamados a ser grandes líderes, sino buenos líderes. Solamente mientras guardamos estas distinciones podremos ser como Dios, sin llegar a ser como Satanás.

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George Lawson se graduó de The Master’s Seminary en el 2010 y ahora pastorea la iglesia Baltimore Bible Church, en Baltimore, MD (EEUU). Él y su esposa Jennifer tienen tres hijos.

Publicado originalmente en inglés aquí. Y español aquí