martes, agosto 07, 2012

El Peligro de una Mente Pecaminosa

clip_image002El Peligro de una Mente Pecaminosa

Por John MacArthur

Ningún pecado es más destructivo para la conciencia que el pecado que se lleva a cabo en el ámbito de la mente. Después de todo, ¿quién sino Dios y el pecador saben acerca de ello? “¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre, que está en él?” (1 Corintios 2:11).

Mucha gente que no comete malas acciones, sin embargo son descaradamente malos en sus pensamientos. Un hombre que se abstiene de fornicación, por temor a ser descubierto puede convencerse a sí mismo de que está bien disfrutar de las fantasías lascivas porque cree que nadie más descubrirá tal pecado secreto. Los pecados que él deliberadamente entretiene en su mente pueden ser mil veces peores que cualquier cosa que se le ocurra hacer ante los demás. La Escritura dice que su culpabilidad es la misma si lleva a cabo a cabo externamente sus fantasías (Mateo 5:27-28).

Disfrutar de los pecados de pensamiento, por lo tanto, es molestar a la conciencia de manera directa. Los pecados de la mente asaltan a la conciencia como ningún otro pecado, porque la conciencia es su única disuasión. Aquellos cuyos pensamientos son impuros no pueden tener una conciencia pura, la culpa está inherente en el mal pensamiento. Cuando los pensamientos están contaminados, la conciencia de forma inmediata también lo estará. Es por eso que no hay nada más característico de la incredulidad que una mente impura, combinada con una conciencia corrompida: “para los corrompidos e incrédulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas.” (Tito 1:15, énfasis añadido).

De hecho, nada daña la conciencia más que el hábito de caer en malos pensamientos. Desafortunadamente, una vez iniciada, la práctica se vuelve demasiado fácil. Este es un pecado que no tiene que esperar una oportunidad, la mente puede pecar en cualquier momento y en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia. Así que el hábito se establece rápida y fácilmente.

Al comprometer las facultades internas –la mente, las emociones, el deseo, la memoria, y la imaginación– los pecados de pensamiento trabajan directamente en el alma para influenciarla hacia el mal. Siembra un pensamiento, cosecha una acción. Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino. Los malos pensamientos de esta manera sientan las bases para todos los demás pecados.

En los próximos días, vamos a ver el verdadero peligro presentado por los pecados de la mente, y ver cómo la Escritura nos enseña a proteger nuestras mentes y nuestras acciones de la corrupción del pecado secreto.

(Adaptado de The Vanishing Conscience .)


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