martes, mayo 06, 2014

¿Anti-Católico o Pro-Evangelio?

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Por Tim Challies

Hace un par de semanas escribí un artículo que explica por qué creo que el Papa Francisco es un falso maestro . Esto generó un poco de polémica y trajo muchas respuestas (la mayoría de ellas, por suerte, tanto medidas y amables). Una crítica que escuché varias veces fue esta: “Usted no entiende la visión católica de la justificación; si usted entendiese la teología católica vería al Papa como un defensor de la verdad en lugar de un adversario de la verdad.” No quiero decir que conozco la teología católica mejor que mis amigos católicos, así que me gustaría probar algo diferente hoy en día.

Yo creo que hay una gran brecha entre la justificación como la Biblia lo enseña y la justificación que Roma enseña. Estamos de acuerdo en el problema: somos personas pecadoras que nos hemos apartado de Dios y por lo tanto estamos en la necesidad de salvación. Pero no estamos de acuerdo en formas muy importantes en cuanto a cómo las personas pecadoras pueden recibir esa salvación. El punto es, Roma cree esto también. La Iglesia Católica entiende que existe un abismo entre nosotros y ellos lo consideren igual de serio como yo.

Lo que me gustaría hacer hoy es poner a un lado mi comprensión o incomprensión de la teología católica. En su lugar, echemos un vistazo a la forma en que la Iglesia Católica Romana entiende lo que creo. Lo que he encontrado es que la Iglesia Católica Romana entiende mi teología muy bien. Hace muchos años, el Concilio de Trento examinó de cerca la doctrina de los reformadores protestantes y respondió a ella con una serie de cánones. Al hacerlo, ellos declararon anatema a mi fe, una abominación para Dios. Mientras que Trento sucedió hace mucho tiempo, los cánones nunca han sido rescindidos. El Vaticano II, a pesar de su énfasis en el ecumenismo, no anuló o modifico los cánones de Trento (ver aquí para una explicación de Respuestas Católicas).

Así que en lugar de tener a explicar la teología católica y señalar problemas, vamos a permitir que el catolicismo romano explique mi punto de vista protestante (usando la traducción de EWTN de los cánones).

Si alguno dijere, que el pecador se justifica con sola la fe, entendiendo que no se requiere otra cosa alguna que coopere a conseguir la gracia de la justificación; y que de ningún modo es necesario que se prepare y disponga con el movimiento de su voluntad; sea anatema. (Canon 9)

Creo que el pecador es justificado por la fe solamente, lo que significa que no se requiere nada más y ninguna cosa más con la que coopere, para obtener la gracia de la justificación. Roma entiende exactamente lo que creo que aquí y lo rechaza. (Rom 3:20-28, Efesios 2:8)

Si alguno dijere, que la fe justificante no es otra cosa que la confianza en la divina misericordia, que perdona los pecados por Jesucristo; o que sola aquella confianza es la que nos justifica; sea anatema (Canon 12)

¡Yo creo esto! Yo creo que la fe que justifica es la confianza en la misericordia divina de Dios que perdona el pecado por amor a Cristo y sobre la base de la obra de Cristo. Es esta fe –y nada más la que nos justifica. (Romanos 3:28, Juan 1:12).

Si alguno dijere, que el hombre queda absuelto de los pecados, y se justifica precisamente porque cree con certidumbre que está absuelto y justificado; o que ninguno lo está verdaderamente sino el que cree que lo está; y que con sola esta creencia queda perfecta la absolución y justificación; sea anatema” (Canon 14)

Esto puede requerir algún matiz, porque yo no creo que estoy absuelto del pecado porque creo que estoy absuelto del pecado; sin embargo, yo sostengo, como dice el Concilio, aquí, que la fe en Cristo solamente absuelve de pecado y justifica a los pecadores. (Rom 5:1)

Si alguno dijere, que la justicia recibida no se conserva, ni tampoco se aumenta en la presencia de Dios, por las buenas obras; sino que estas son únicamente frutos y señales de la justificación que se alcanzó, pero no causa de que se aumente; sea anatema (Canon 24)

Yo creo que las buenas obras –las obras que traen gloria a Dios – son el fruto y la evidencia de la justificación. Niego que son de alguna manera la causa del aumento de la justificación y la preservación. (Gal 3:1-3, Gal 5:1-3)

Si alguno dijere, que recibida la gracia de la justificación, de tal modo se le perdona a todo pecador arrepentido la culpa, y se le borra el reato de la pena eterna, que no le queda reato de pena alguna temporal que pagar, o en este siglo, o en el futuro en el purgatorio, antes que se le pueda franquear la entrada en el reino de los cielos; sea anatema. (Canon 30)

Yo creo esta preciosa verdad y voy a luchar hasta la muerte por ella! Yo creo que en el momento de la justificación la culpa y el castigo de los pecadores se retiran hasta el punto de que ninguna deuda sigue pendiente de cumplirse en este mundo o en el purgatorio antes de que pueda entrar en el cielo. (Rom 5:1, Col 2:13-14)

Si alguno dijere, que la doctrina Católica sobre la justificación expresada en el presente decreto por el santo Concilio, deroga en alguna parte a la gloria de Dios, o a los méritos de Jesucristo nuestro Señor; y no más bien que se ilustra con ella la verdad de nuestra fe, y finalmente la gloria de Dios, y de Jesucristo; sea anatema. (Canon 33)

Este es el corazón de la cuestión, ¿no es así? La doctrina católica de la justificación, según lo indicado por el Concilio de Trento, y sistematizada en los cánones, hace eso mismo –que disminuye la gloria de Dios y de los méritos de Jesucristo. Añade a la obra de Cristo. Añadir algo a la obra de Cristo es destruirla por completo.

A medida que leía los cánones del Concilio de Trento veo una explicación sistemática y negación completa de la justificación por gracia mediante la fe en Cristo solamente. Veo que Roma entiende lo que creo y lo declara anatema. Por supuesto, es su derecho a hacerlo, pero no perdamos algunas implicaciones importantes: Cualquier otra cosa que Roma enseñe, ella no va a enseñar que somos justificados solamente por la gracia mediante la fe en Cristo Jesús. Si ella enseña un evangelio que añade a la obra de Cristo, enseña un evangelio falso, ¿no? Y si Francisco es el jefe de la organización que afirma esta doctrina como oficial, si él es su principal defensor y propagador, debo juzgarlo como un falso maestro. ¿Qué otra cosa podría hacer?

1 comentario:

הנצחי dijo...

Saludos Hno., muy interesante su artículo, me llevo a la comparación, pero en ningún momento se hizo tedioso o muy rebuscado, le animo a seguir compartiendo la palabra y la veracidad de ella, porque solo ella nos hace libres, llevándonos a Cristo, en quién somos verdaderamente libres. Dios le bendiga.