martes, septiembre 15, 2015

La Cercanía y la Distancia de Dios

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La Cercanía y la Distancia de Dios

Por Millard Erickson

La Biblia enseña que Dios es a la vez inmanente y trascendente. Dios está presente y activo en su creación, pero es superior e independiente de todo lo que ha creado. Estas ideas bíblicas deben mantenerse en equilibrio. La tendencia a resaltar una u otra conduce a una concepción falsa de Dios. Aunque no son atributos de Dios como tal, ambas afectan a su grandeza y a su bondad. En la comprensión de estas doctrinas se producen implicaciones prácticas significativas.

Estos conceptos se refieren a la relación de Dios con el mundo creado, no en términos de acciones especificas con respecto al universo, sino en el grado en que el está presente y activo en el universo (inmanencia) por oposición a estar ausente o alejado de el (trascendencia).

Estas dos ideas bíblicas deben estar equilibradas. Esto se puede conseguir mejor si las tratamos juntas. A este respecto son como el amor y la justicia de Dios, en la que un entendimiento correcto de una debe hacerse teniendo en cuenta a la otra.1 Cuando se resalta una por encima de la otra, se pierde la concepción teísta ortodoxa. Cuando se enfatiza la inmanencia, perdemos la concepción de un Dios personal. Cuando enfatizamos la trascendencia, perdemos la concepción de un Dios activo. La posición que tomamos con respecto a la inmanencia y la trascendencia tiene implicaciones prácticas definidas, tanto para el estilo de vida cristiano como para la conducta de nuestro ministerio. La inmanencia y la trascendencia no deberían considerarse atributos de Dios. Más bien, estos conceptos tienen que ver con cada uno de los distintos atributos de la grandeza y la bondad de Dios. Algunos de estos atributos, de forma inherente, seguramente expresan más la trascendencia de Dios y otros más su inmanencia; pero, en general, trascendencia e inmanencia deberían ser considerados indicativos de cómo Dios, en todos sus atributos, se relaciona con su mundo.

Inmanencia

Por inmanencia entendemos la presencia y la actividad de Dios en la naturaleza, en la naturaleza humana y en la historia. Hay una larga serie de referencias bíblicas pertinentes de distinto tipo. Jeremías 23:24 resalta la presencia de Dios en todo el universo: “.Se ocultara alguno, dice Jehová, en escondrijos donde yo no lo vea? .No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?” Pablo les dijo a los filósofos en la colina de Marte: “aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros, porque en el vivimos, nos movemos y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: ‘porque linajes suyo somos’” ( Hch. 17:27-28).

Cuanto más se desarrolla y enfatiza el concepto de la inmanencia de Dios, más se tiende hacia una visión panteísta, en contraste con el teísmo. Dios se hace menos personal, es menos alguien con el que podemos tener una relación personal. Aunque la inmanencia en una forma extrema se parece bastante al panteísmo, sigue habiendo una diferencia entre ambas. Según el punto de vista de que Dios es inmanente, la naturaleza no tiene un estatus independiente. Como se ha señalado recientemente, la naturaleza no trasciende a Dios.2 Por lo tanto, naturaleza menos Dios, igual a nada. Sin embargo, Dios tiene estatus independiente de la naturaleza. Así que Dios menos naturaleza, igual a algo. En el panteísmo, la naturaleza menos Dios es igual a nada, pero Dios menos la naturaleza también es igual a nada. No tiene un estatus independiente. La creación en el sentido tradicional no tiene lugar dentro del esquema panteísta, ya que, según el panteísmo, Dios

no podría haber existido antes de la creación del orden natural.

Trascendencia

El otro aspecto de la relación de Dios con el mundo es su trascendencia. Con esto queremos decir que Dios está separado y es independiente de la naturaleza y la humanidad. Dios no está solo vinculado o implicado en su creación. También es superior a ella de varias maneras significativas.

Varios pasajes de las Escrituras afirman el concepto de la trascendencia divina. Es un tema particular del libro de Isaías. En 55:8-9 leemos que los pensamientos de Dios trascienden los nuestros: “‘Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos ni vuestros caminos mis caminos’, dice Jehová. ‘Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.’” En 6:1-5 el Señor es representado como “sentado en un trono, alto y sublime.” Los serafines decían: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos,” como indicación de su trascendencia, y añadían, “¡Toda la tierra está llena de su gloria!” como referencia a su inmanencia. Isaías responde con una expresión de su propia impureza. Por lo tanto, la trascendencia de Dios sobre nosotros debe verse no sólo en términos de su grandeza, su poder y conocimiento, sino también según su bondad, su santidad y pureza. Isaías 57:15 también expresa la trascendencia y la inmanencia de Dios: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el Santo: ‘Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el quebrantado y humilde de espíritu, para reavivar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados.’”

Como con la inmanencia de Dios, también debemos estar prevenidos contra el énfasis excesivo de su trascendencia. No debemos buscar a Dios únicamente en lo religioso o en lo devocional; también debemos buscarlo en los aspectos “normales” de la vida. No hay que buscar milagros solamente, pero tampoco hay que ignorarlos. Algunos atributos, como la santidad, la eternidad, la omnipotencia expresan el carácter trascendente de Dios. Otros como la omnipresencia, son expresiones de su inmanencia. Pero si a todos los aspectos de la naturaleza de Dios se les da el énfasis y la atención que la Biblia les asigna, se conseguirá

un entendimiento completo de Dios. Aunque Dios nunca está completamente a nuestro alcance, ya que está mucho más allá de nuestras ideas y formas, siempre está disponible para nosotros cuando nos volvemos hacia él.

Tomado de Teología Sistematica de Millard Ericckson