miércoles, julio 13, 2016

La Revolución Sexual y el Testimonio de la Iglesia

ESJ-015 2016 0713-002

La Revolución Sexual y el Testimonio de la Iglesia

Por Albert Mohler

Ante la revolución sexual, la iglesia cristiana en Occidente se enfrenta ahora a una serie de retos morales que supera todo lo que se ha experimentado en el pasado. Esta es una revolución de ideas -una que está transformando toda la estructura moral del significado y de la vida. Estos desafíos son bastante irritantes para cualquier generación. Pero los contornos de nuestro desafío actual tienen que ser entendidos frente a la realidad que afecta a prácticamente todo en el paisaje estadounidense, y además en Occidente. Esta revolución, como todas las revoluciones, toma a algunos prisioneros. En otras palabras, exige la aceptación total de sus afirmaciones revolucionarias y la afirmación de sus objetivos. Este es el problema que confronta ahora a los cristianos que están comprometidos con la fidelidad a la Biblia como la Palabra de Dios y al Evangelio como el único mensaje de salvación.

La escala y el alcance de este desafío se ponen de manifiesto en un argumento formulado por el teólogo británico Theo Hobson. Como reconoce Hobson, “Las Iglesias siempre se han enfrentado a problemas morales difíciles y lo cual los han confundido.” Algunos dirán que el reto de la revolución sexual y la normalización de la homosexualidad no son nada nuevo o inusual. Él dice: “Hasta hace muy poco habría estado de acuerdo,” pero también dice, “Se hace cada vez más claro que el tema de la homosexualidad en realidad es diferente.”

¿Por qué es este desafío diferente al cristianismo? Hobson sugiere que la primera razón es lo que reconoce la calidad y/o de la nueva moralidad. Estoy de acuerdo con él en que no hay término medio en términos de la relación de la Iglesia con estas preguntas difíciles y urgentes. Las iglesias afirmaran o no la legitimidad de las relaciones del mismo sexo y los comportamientos. Y las iglesias que no lo hagan tomarán una posición sobre la base de la afirmación de que Dios había revelado una moral a sus criaturas humanas en la Santa Escritura.

El segundo factor que Hobson sugiere es lo que él llama: “la velocidad pura del éxito de la causa homosexual.” Como el lo describe: “Algo que fue asumido por siglos por ser indeciblemente inmoral ha surgido como una forma alternativa de vida, una identidad que merece protección legal. La demanda de igualdad de los homosexuales ha expulsado básicamente la moralidad sexual tradicionalista de una superioridad moral.” Este es un punto sumamente importante. Hobson esta argumentando que esta revolución, a diferencia de cualquier otra, en realidad ha volteado la tortilla en el cristianismo en la civilización occidental.

La iglesia cristiana siempre ha disfrutado de una superioridad moral; siempre se ha entendido como el guardián de lo que es correcto y justo, al menos en las sociedades occidentales. Pero lo que estamos viendo ahora es un cambio fundamental. Hobson esta argumentando que esta revolución moral, habiendo volteado la tortilla del cristianismo, ahora roba a la iglesia cristiana de la autoridad moral que solía afirmar previamente. La situación se invierte fundamentalmente. Por primera vez en la historia de la civilización occidental, el cristianismo parece estar en la parte inferior de la moral, y aquellos que se aferran a las enseñanzas bíblicas respecto a la sexualidad humana son ahora "expulsados" (para usar la palabra de Hobson) de la posición de superioridad moral.

Hobson también observa correctamente que este gran cambio en las actitudes hacia las relaciones del mismo sexo y los comportamientos no es simplemente “la disminución del tabú.” Como él mismo explica:

No es sólo un caso de una práctica perdiendo su aura de inmoralidad (como con el sexo antes del matrimonio o la ilegitimidad). En cambio, en el caso de igualdad de los homosexuales toma la forma de una cruzada moral. Aquellos que quieren mantener la actitud antigua no son sólo los moralistas antiguos (como es el caso de aquellos que quieren mantener la vieja actitud hacia el sexo prematrimonial o ilegitimidad). Se les acusa de deficiencia moral. El viejo tabú que rodea esta práctica no desaparece sino que "rebota" en los que tratan de mantenerlo. Tal vuelco agudo es, creo, sin paralelo en la historia moral.

El punto principal de Hobson es que la homosexualidad “tiene el extraño poder de girar las mesas morales.” Y así lo que se entendía previamente como inmoral ahora se celebra como un bien moral. Como resultado, las enseñanzas históricas de la iglesia cristiana sobre la homosexualidad compartida por la inmensa mayoría de los ciudadanos de Occidente hasta hace muy poco, ahora se entiende que es un vestigio del pasado y una fuerza represiva que debe ser erradicada.

Esto explica por qué el desafío de la revolución moral amenaza con sacudir los cimientos del cristianismo en los Estados Unidos y más allá. Y, sin embargo, aun cuando como nosotros entendemos esta revolución como siendo algo nuevo, sus raíces no son recientes. De hecho, la iglesia ha visto la revolución sexual teniendo lugar giro a giro durante la mayor parte del siglo pasado. Lo que ahora queda claro es que la mayoría de los cristianos subestimaron enormemente el reto que esta revolución sexual presentaría.

La Iglesia de la Confesión ahora debe estar dispuesta a ser una minoría moral, si eso es lo que los tiempos demandan. La iglesia no tiene derecho a seguir el canto de sirena secular hacia el revisionismo moral y posiciones políticamente correctas sobre los temas del día.

Cualquiera que sea el problema, la iglesia debe hablar como iglesia, es decir, como la comunidad de pecadores caídos, pero redimidos que están bajo la autoridad divina. La preocupación de la iglesia es que no conoce su propia mente, sino conocer y seguir a la mente de Dios. Las convicciones de la Iglesia no deben surgir de las cenizas de nuestra propia sabiduría caída, sino a partir de la autoritativa Palabra de Dios, la cual revela la sabiduría de Dios y sus mandamientos.

La iglesia debe despertar de su estatus como una minoría moral, y aferrarse al Evangelio que se le ha confiado predicar. De este modo, los manantiales profundos de la verdad permanente revelarán la iglesia como un oasis que da vida en medio del desierto moral de América.