lunes, diciembre 17, 2012

Llorando con los que Lloran, Una Respuesta de Primera Mano de Newtown

clip_image002Llorando con los que Lloran, Una Respuesta de Primera Mano de Newtown

Por Joey Newton
La iglesia que pastoreo está a tres kilómetros de la vista de la masacre del viernes, donde 26 personas fueron asesinadas. Ciertamente, este evento de alguna manera definirá y dará forma a la vida espiritual de la comunidad en las próximas décadas. Sé que afectará profundamente a mi familia, y muchos de los muertos eran de la misma edad como una de mis tres hijas.
Pasé el pasado viernes en el centro de asesoramiento que la ciudad puso, donde las familias se habían reunido a la espera de oír el nombre de su hijo, o para ver si alguna nueva información salió. En un momento un oficial entró e hizo saber a todos –lo mejor que pudo– que si sus hijos estaban todavía estaban desparecidos, sin duda estaban entre los que habían sido muertos. Durante toda la tarde allí, comprensiblemente, había lloro. Lo único que podía hacer era tomar cualquier oportunidad que tuve para ministrar gracia a ellos.
“Llorar con los que lloran,” fue el mandato bíblico primera y obvio de aplicar. No fue difícil de hacer. Este evento fue trágico, y no puedo imaginar el dolor de perder un hijo, de despertar a la mañana siguiente a una cama vacía que no se ocupara otra vez. Para aquellos que han sufrido pérdidas y no son cristianos, oré para que Dios se revele a ellos, y los dirija a Cristo. Para aquellos que conocen al Señor, trate de animarlos al recordarles que Dios sigue en su trono, y que esto –es tan difícil como es de imaginar, es parte de su voluntad permisiva. Existe un bien al final de este mal indecible. Tal vez algunos vendrán a la fe en Cristo a través de esta prueba. Tal vez los creyentes serán animados a confiar en Dios más profundamente y vivir para él más fielmente. No sabemos cuál sea el bien, pero sabemos que la palabra de Dios promete que para aquellos que son llamados por Dios, todas las cosas cooperan para nuestro bien espiritual y su gloria eterna.
clip_image004David entendió esta verdad cuando su hijo murió. Él se consoló al saber que su hijo no iba a volver a él, pero que él iría a ese niño cuando él muriese, y estaría en la presencia del Señor.
El desafío en este juicio es, por supuesto, encontrar consuelo en la soberanía de Dios y en la realidad de la gracia, al no minimizar el sufrimiento, sino para dar esperanza y resplandezca la luz de la gloria final de Dios en ello. A través de la gracia de Dios el da a los creyentes la capacidad de mirar más allá de la pérdida impactante y el horror de este pecado, y (con el tiempo) empezar a ver a su glorioso propósito a través de este mal.
Pero ahora, ahora mismo, estamos ante el hecho de que este acto fue indescriptiblemente malo. Estos asesinatos nos muestran la maldad del hombre y la depravación del corazón. Todos tenemos esta capacidad para el mal en nosotros, no todos cometemos este tipo de delitos atroces, pero la realidad del pecado está siempre presente. Y esa comprensión es lo que conduce a la gloria de la cruz. Hay un salvador que llevó la maldición de la ley que la maldad en nuestros corazones merece. Hay un salvador que es superior a este acto de malicia. En ese sentido, entre más perverso el pecado, más gloriosa la cruz. De ahí que en la mayor de todas las tragedias: la muerte de Jesús, Dios estaba obrando gracia, con el fin de que Su gracia sería conocida por nosotros.
Hay que señalar que este tipo de pecado y pérdida terrible no está ausente en las páginas de la Escritura. Job había asesinado a su familia por el diablo, y Job respondió con un corazón de fe: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.” Y la fe de Job en la mano soberana de Dios debe permanecer en nosotros ahora.
clip_image005 Al mismo tiempo, recordamos que Job también preguntó “¿por qué?” como somos propensos a hacer. Debemos darnos cuenta, sin embargo, que Dios nunca respondió a la pregunta del porque que hizo Job, ni tampoco permitió que Job cuestionara su sabiduría. En cambio, Dios simplemente señaló a Job de nuevo a su propio carácter glorioso soberanía y sabiduría. Y Job encontró un lugar de bendición cuando descansó allí. Su bendición vino al descansar en los gloriosos propósitos de Dios. Creo que queremos respuestas, pero Dios no nos da respuestas. En cambio, él revela su carácter y gloria. Y eso es fe –apoyada en la mano soberana de Dios. Sin saber por qué, pero sabiendo en quien apoyarse a través de la pérdida. Dios no responde a nuestras preguntas, Él es nuestra respuesta.
En el sufrimiento, el propósito de Dios es llevarnos a Él y Su suficiencia en Cristo. Dios señaló a Job a Su gloria revelada en la creación, sin embargo, tenemos mucho más. Job no sabía nada de la cruz, donde Dios revelaría Su gloria, la gracia y el carácter que Él no había hecho antes. Aplastó a su Hijo por los pecadores. Él demostró su amor en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. La vida, la muerte y resurrección de Jesucristo es la última revelación del carácter de Dios. La muerte no es el final de la historia para los que se convierten a Cristo, sino que la vida eterna en el Hijo lo es.
Por eso, al final de cada día (pero sobre todo el viernes pasado), oramos para que Dios dirija a la gente hacia la cruz de Cristo. Que en este terrible crimen que coloca las horribles consecuencias del pecado y la realidad de la muerte que tenemos ante nosotros, que el mensaje glorioso de la vida en Cristo avance a través de su pueblo. Por lo tanto, en contra de la oscuridad de ese mal, la luz de Cristo resplandezca más brillantemente.

2 comentarios:

JP dijo...

Te queria agradecer hermano por acercar estas palabras hacia el español, y tu gran trabajo que estas realizando sea bendecido en el nombre de Jesús.

También te queria señalar un texto que está sin traducir en el tercer párrafo, por el medio de él: "Maybe some will come to faith in Christ through this trial.".

Saludos y gracias :)

Armando Valdez dijo...

Gracias, ya esta corregido. Te agradezco tus comentarios.