viernes, mayo 20, 2011

¿Es Dios Un Monstruo?

¿Es Dios un Monstruo?

Hace casi cincuenta años, el británico agnóstico Bertrand Russell escribió estas palabras: “Hay un defecto muy grave que viene a mi mente en el carácter moral de Cristo, y es que creía en el infierno. Yo no siento que cualquier persona que es en realidad profundamente humana pueda creer en el castigo eterno” (Bertrand Russell, Por Qué No Soy Cristiano).

El filósofo John Hick hizo eco de esos sentimientos cuando llamó al infierno “una perversión del evangelio cristiano.” Creía que la doctrina del infierno atribuye a Dios “una venganza implacable y crueldad insaciable.”

Esperamos declaraciones como estas de mentes caídas y no regenerada. Pero, ¿qué hacemos cuando escuchamos cosas similares de escritores prominentes y evangélicos profesantes? “¿Cómo pueden los cristianos posiblemente proyectar una deidad de tal crueldad y venganza cuyas formas son infligir tortura eterna sobre sus criaturas, por pecadores que estos puedan haber sido? Sin duda, un Dios que haría una cosa así es casi más como Satanás que como Dios ...” (Clark H. Pinnock, “La Destrucción del Ultimo Impenitente”).

Se ha convertido en popular hoy en día para evangélicos profesantes unirse a las filas de Pinnock, de ateos, agnósticos en protesta por la doctrina del infierno. Ellos están predicando sermones, artículos y publicando libros, y algunos están cayendo en los hilos de comentarios de los blogs cristianos. He aquí una pequeña muestra del blog de Gracia a Vosotros en nuestra reciente serie sobre el infierno:

  • “¿Qué clase de Dios atormenta a la gente por toda la eternidad?”
  • “... Satanás ama la falsa doctrina del tormento eterno”
  • “[Tormento eterno es] un castigo cruel e inusual”
  • “[Tormento eterno] hace a Dios como un tirano cruel”, “absolutamente cruel y malvado”
  • “¿Cómo puede usted en su sano juicio, incluso considerar que se trata de justicia?”

Si la doctrina del infierno como un eterno tormento consciente no ha sido la posición de la iglesia cristiana durante dos milenios, podría ser fácil pensar que estamos seriamente fuera de paso a un montón de secuaces sin sentido que adoran a un dios-monstruo! Pero cuando se examina la evidencia bíblica, sin la moda del día, usted encontrará que se suena mucho a Jesús y los apóstoles.

Así que, ¿cómo podría alguien que dice ser fiel a las Escrituras ridiculizar la idea del castigo eterno? ¿Que es lo que está en el corazón de su rechazo a un infierno sin fin? Es muy sencillo, en realidad –ellos minimizan la gravedad del pecado humano y la culpa, y distorsionan la perfección de la justicia divina. Ese es el crimen del liberalismo protestante y todas las religiones falsas.

Minimizar la Pecaminosidad del Pecado

De una forma u otra, todos somos culpables de minimizar el pecado. Recuerdo la primera vez que leí el relato de la mujer de Lot. Dios la convirtió en una estatua de sal cuando salía de Sodoma. Su crimen: Una mirada hacia atrás (Génesis 19:26). La lectura de la historia como un no creyente me provocó hacer la pregunta: “¿Fue realmente un delito digno de muerte el girar el cuello para tener una última mirada a su casa?” Al explorer más de la Biblia, otros relatos del juicio de Dios me pareció igualmente caprichosos y graves a mí.

  • Nadab y Abiú se desviaron de los procedimientos sacerdotales. Dios los consumió por el fuego (Levítico 10:1-2).
  • Un hombre recogía leña en día de reposo. Dios mandó a Moisés apedrearlo (Números 15:35).
  • Acán tomó algunos artículos prohibidos del botín de Jericó. Dios mandó a Josué apedrearlo y luego quemar a Acán, junto con toda su familia (Josué 7:24-25).
  • Uza sostuvo el arca de Dios de caer en el barro estirando el brazo y sosteniéndolo. Dios inmediatamente lo hirió de muerte (2 Sam. 6:6-7).
  • Ananías y Safira mintieron a los apóstoles. Dios los mató a los dos delante de toda la iglesia. (Hechos 5:1-10).

A menudo batallamos para comprender cómo algo aparentemente tan trivial podría promulgar un juicio severo. Nuestra carne quiere gritar en señal de protesta, “¡Eso no es justo!” Pero respuestas como estas revelan nuestra incapacidad de comprender la profundidad del pecado. Sólo vemos las acciones –un padre devoto se halla juntando leña para mantener a su familia caliente, un celoso israelita deseoso de sostener el Arca de Dios de tocar la tierra, pero Dios ve las cosas de manera diferente, más claramente, que nosotros. Él ve el pecado como insurrección y rebelión en contra de Su santidad (Éxodo 31:14; Num. 04:15). Es más, Él ve los motivos y las intenciones ocultas en el centro de nuestras acciones (Mt. 5:28; Hebreos 4:12.).

Uno de los principios más elementales de la justicia es que el castigo debe ser conforme al crimen. Por lo tanto, si la máxima pena para aquellos que mueren sin Cristo es el infierno, entonces ¿cuál es el delito? ¿Qué hacen los hombres para merecer la pena eterna del infierno? En pocas palabras, ellos pecaron.

Usted puede pensar que es una cosa pequeña, pero la manera en que John MacArthur explica el pecado, lo pone en su justa perspectiva. En esencia, el pecado es “un acto de traición contra el legislador y juez soberano del universo.” La Biblia describe el pecado como “rebelión”, “impiedad”, “anarquía”, “impiedad” y una “abominación” (Levítico 26:27; Isa. 32:6;. 1 Juan 3:4;. Ezequiel 18:27;. Pr. 15:9). Los pecadores, entonces, son traidores, rehúsan a amar, dar gracias, a servir y a obedecer a Dios quien les dio la vida, el aliento y toda cosa buena.

Los pecadores desprecian el amor de Dios, desprecian Su soberanía, se burlan de Su justicia, y ven Sus mandamientos con desprecio. Ellos son ladrones y asesinos, robándole la gloria de Dios y agrediendo a Su santidad. De hecho, como Martín Lutero dijo una vez, si los pecadores se salieran con la suya, ellos destronarían y asesinarían a Dios, lo cual es exactamente lo que hicieron en el Calvario (Hechos 2:23). Visto a través del lente de la Escritura, el pecado se ve extremadamente pecaminoso (Romanos 7:13).

Me resulta irónico que los que protestan la idea del tormento eterno y consciente se burlan de la doctrina con palabras como “cruel”, “moralmente repugnante”, “monstruosa”, y “repugnante.” ¿Por qué no emplear los mismos términos de indignación para describir el pecado? Simple: fracasan en ver como Dios ve. Dios encuentra nuestro pecado “cruel", “moralmente repugnante”, “monstruoso” y “repugnantes”, y El tiene toda la razón. Si no podemos ver nuestro pecado como Dios lo ve, es lógico que no vemos el justo juicio del infierno, como Él lo ve también. Sólo vamos a tener que confiar en El.

Justicia Divina

Las personas que rechazan la doctrina del infierno eterno también tropiezan con la justicia de Dios. Parece injusto de Dios echar a alguien en un lago de fuego eterno por treinta años de pecado. ¿Es realmente tan malo el pecado?

Sí, lo es. De hecho, es fácil aceptar que hay una escalada de niveles de la gravedad de los delitos. Por ejemplo, si usted agrede a su prójimo, él puede devolverle el golpe, poncharle los neumáticos, o incluso informar a la policía. Si agrede a su jefe, lo despedirá. Si golpea a un policía, usted está en peligro de ser electrificado, rociado de gas pimienta (o peor), y definitivamente vamos a la cárcel. Llévelo a un nivel superior: si incluso intenta agredir al Presidente de los Estados Unidos, usted va a la cárcel por un largo tiempo. Y si intenta esas travesuras con cualquier otro jefe de estado, es probable que sea ejecutado.

Es evidente que vivimos mediante un principio establecido: la gravedad de un delito no se mide sólo por su misma naturaleza, sino también por el ofendido. Además, se aceptan fácilmente la escalada de la pena, en función del estado y la posición del ofendido. Si esto tiene sentido a nivel humano, ¿por qué somos tentados a ignorar la condición y posición de Dios? Si vivimos por este principio en un nivel horizontal, ¿por qué no en un nivel vertical?

Nuestros pecados han ofendido a un Ser infinitamente santo y glorioso, y la sanción debe corresponder a ese delito. Dios de ninguna manera toma por inocente al culpable (Éxodo 34:6-7). Él le dará al incrédulo exactamente lo que se merece. Isaías dijo: ¡Ay del impío! Le irá mal, porque lo que él merece se le hará.” (Isaías 3:11). Dios advirtió a los hijos de Israel: “Si aun con esto no me oyéreis, sino que procediereis conmigo en oposición, yo procederé en contra de vosotros con ira, y os castigaré aún siete veces por vuestros pecados.” (Lev. 26:27-28).

El juez justo de toda la tierra un día se levantarán y llamar a cada criatura a cuentas (Génesis 18:25; Hebreos 9:27;. 1 Pedro 4:5.). Él abrirá los libros e impondrá una sentencia justa para cada pensamiento, palabra y obra pecaminosa (Rom. 2:5; Apocalipsis 20:13).

Todos hemos agredido a Dios (Rom. 3:23), y todos merecemos el infierno. Rechaza a Cristo, y el infierno es exactamente lo que obtendrá. Dios se levantará en juicio y echará a todos los incrédulos en el lago de fuego (Apocalipsis 20:14), y toda la creación alabará Su justicia. Acusar a Dios de injusticia de condenar los pecadores al infierno es el colmo de la arrogancia y del descaro.

Sí, el juicio de Dios es insoportable, pero nunca es injusto (Génesis 4:13). Y es por eso que “horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (Hebreos 10:31).

Tommy Clayton
Contenido de desarrollo y editor de emisión


Disponible en línea en: http://www.gty.org/Resources/Blog/B110518
COPYRIGHT © 2010 Gracia a Vosotros

¿El Fin del Mundo?

El fin del mundo según Harold Camping.


Una de las cosas que más desprestigia al evangelio, aparte del mal testimonio de algunos que profesan ser cristianos, es la predicación de un evangelio caricaturizado.

Generalmente las caricaturas sobredimensionan un aspecto del modelo original, de modo que uno puede identificar de quién se trata, pero al mismo tiempo sabe que la figura en cuestión ha sido intencionalmente deformada.

En tal caso, la caricatura puede resultar graciosa o puede resultar ofensiva, pero todo el mundo sabe que se trata de una deformación hecha adrede, con un propósito en mente.

Pero cuando una cosa seria y trascendente es caricaturizada y presentada como si esa fuera su imagen verdadera, no importa la intención que se tenga, de seguro que hará más daño que bien.

Y lamentablemente eso es lo que ha ocurrido muchas veces con el mensaje del evangelio, que, tal vez sin mala intención, algunos han sobredimensionado uno que otro aspecto de su contenido, de tal manera que el resultado final ha venido a ser un evangelio deformado.

Ese proceso de deformación ha venido a ser más latente en el manejo de las profecías concernientes a la segunda venida de Cristo y al fin del mundo.

A pesar de que Cristo mismo dijo en una ocasión que nadie conoce el día y la hora de Su venida, en casi todas las épocas de la historia han aparecido algunos que han pretendido desentrañar los misterios del calendario profético de Dios, trayendo como consecuencia un terrible descrédito a las profecías bíblicas y dando pie para que algunos tomen a burla algo que deberían tomar muy seriamente.

Ya Pedro había dicho en su segunda carta que en los postreros días vendrían burladores, “andando en sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?” (2P. 3:3-4). Esas burlas, dice Pedro, son motivadas por sus propias concupiscencias; no son más que una manifestación del anhelo interno de los pecadores de que esa promesa nunca sea cumplida.

Pero es indudable que, al arriesgarse a identificar ciertos eventos de la historia con las señales del fin, muchos que profesan ser cristianos han contribuido a desacreditar las profecías que anuncian la venida del Señor y los cambios dramáticos que ese hecho traerá consigo.

Eso es lo que ha sucedido con el anuncio de Harold Camping de que este próximo sábado 21 de Mayo se producirá el rapto de la iglesia, seguido por el fin del mundo unos meses más tarde, el 21 de Octubre (Camping había hecho una predicción similar para el 6 de Septiembre de 1994).

El proceso de razonamiento a través del cual Camping llegó a esta conclusión es muy complicado para refutarlo aquí, pero la prueba más contundente de que está equivocado la tendremos este próximo domingo 22 cuando veamos que sus predicciones no se cumplieron.

Lamentablemente, eso no elimina la realidad del daño que las enseñanzas de este hombre ya han producido: descrédito sobre la fe cristiana; abandono de las iglesias locales por parte de muchos que profesan la fe (animados por el mismo Camping); la conclusión errónea de que, como el mundo está a punto de acabarse, no es necesario seguir obedeciendo el mandato cultural de Gn. 1:26-28 y la gran Comisión de Mt. 28:18-20; el tropiezo que esto produce en los corazones de aquellos que creen ciegamente este tipo de predicciones, cuando ven que no se cumplieron; el estímulo a usar la Biblia como un libro que posee claves ocultas, en vez de promover una sana exégesis del texto con el deseo expreso de conocer a Dios y hacer Su voluntad; todo el dinero gastado en las vallas que anuncian el fin del mundo, en vez de ser usado para la expansión del evangelio; y un largo etc.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

Tomado de aquí (Pjcamino)

miércoles, mayo 18, 2011

¿Cómo Vestir?

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¿Cómo Vestir?

Mary Kassian

En 1 Timoteo 2:9, el Señor ofrece tres orientaciones que ayudan a las mujeres cristianas averiguar qué vestir y qué no vestir: “se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia” Vamos a examinar estas tres pautas para ayudar a garantizar que nuestras apariencias se encuentren en buen estado, debidamente organizadas y listas para mostrar a Cristo.

¿Es Adecuada o Impropia?

Kosmio es la forma descriptiva del sustantivo griego kosmos (poner en orden, recortar, adornar o decorar), que se relaciona con nuestra palabra en español cosmos: el universo. Los griegos consideraban que el universo estaba en orden, todo integrado y armónico. Cosmos es todo lo contrario del caos. Así que cuando Pablo les dijo a las mujeres que su adorno debe ser kosmio, quería decir que como el universo, todas las partes deben estar arregladas armónicamente con las otras partes. Debe ser “apropiada”, es decir, adecuado o conveniente. Dado el contexto, creo que Pablo estaba dando a entender que nuestra adorno debe ser adecuado en una serie de niveles diferentes.

En primer lugar, tu ropa debe llegar a ser, adecuada, y en consonancia con tu carácter de hija de Dios. Pero también debe ser adecuada a tu tipo de cuerpo, de acuerdo a tu feminidad, ser de acuerdo a tu marido, de acuerdo a la otra ropa que llevas, y debe ser según la ocasión y el lugar que se tiene la intención de usarlo. Hay una enorme cantidad de orientación en esa palabra pequeña, cada vez. Se le desafía a evaluar su ropa, zapatos, bolsos, maquillaje y el cabello desde múltiples ángulos, como parte del conjunto armónico e integrado de su vida-a la línea de la que se ve con lo que no se ve y de lo temporal a lo eterno. Se le reta a presentar una perspectiva cósmica para influir en sus decisiones cotidianas.

Me gusta la palabra que Pablo escogió. Esto tiene enormes implicaciones. Kosmio significa que el “aspecto” de una mujer cristiana debe ser consistente conforme a lo de dentro con lo de fuera. Esto desafía a los que ponen un énfasis indebido en la apariencia externa, así como aquellos que descuidan su apariencia personal. Es un correctivo a las mujeres que se visten de manera extravagante. Es un correctivo a las que se visten seductoramente. Pero también es un correctivo a los que piensan que “santo” significa desaliñada, fea, poco femenina y sin estilo. Adecuada indica que ir corriendo en pantalones anchos y camisetas todo el tiempo es tan inadecuado como la obsesión por la ropa elegante. Esto significa que la apariencia de una mujer debe ser puesta de forma correcta. Debe ser agradable y atractiva en lo interior y en el exterior.

¿Es Decente o Indecente?

La segunda palabra, aidous, se basa en el término griego para vergüenza y desgracia. La palabra es una mezcla de modestia y humildad. Cuando pienso en una imagen verbal que encarne este concepto, pienso en acercarse a Dios con ojos que están abatidos.

Se trata de una sensación de carencia, de inferioridad, o indignidad. Se sugiere la vergüenza, pero también un sentido correspondiente de reverencia y honor hacia la autoridad que le corresponde. Es lo contrario de la insolencia, la imprudencia, falta de respeto, o la audacia. Los ojos abatidos son lo contrario de los ojos desafiantes.

Entonces, ¿vestirse con su mirada baja significa que usted está consciente de sí misma? No. Significa que su ropa le dice la verdad sobre el evangelio. Su ropa muestra al mundo que Jesús cubre su vergüenza y te hace decente. Su ropa cubre su desnudez como la ropa de Cristo cubre sus pecados.

Vestirse “con los ojos bajos” significa que usted elije la ropa que es decente a Sus ojos. . . ropa que no es provocativa y seductora, y que honra la desnudez. Cuando usted se viste decentemente, usted reconoce que Dios le ordenó cubrirse de ropa, y no llamar la atención, a su piel desnuda. Se cubrirá hasta por respeto a El, el evangelio, sus hermanos cristianos y por respeto a lo que Él te hizo ser. Decencia significa que está de acuerdo con el Señor acerca del verdadero propósito de la ropa y dejar de lado sus propios intereses para vestirse de una manera que exalte a Cristo.

Así que en ese vestidor probando esa falda, tómese el tiempo para sentarse, doblar, y ajustarse frente a ese espejo, y preguntes, ¿Es decente esta falda? ¿Hace lo que debe hacer? ¿Qué tan bien me cubre? ¿Muestra mi desnudez esencial –o exalta el evangelio de Cristo?

¿Es Moderado o Excesivo?

La última cosa que debe preguntarse sobre la ropa es si es moderada o excesiva. Pablo utiliza la palabra griega sophrosunes. Significa “de una mente sana, frenar los deseos de uno y los impulsos, auto-controlado, templado.” La palabra indica que nuestros adornos deben ser razonables y no una locura. Debemos controlar nuestros impulsos y evitar los extremos en la moda, peinados y maquillaje. También debemos evitar locas cantidades excesivas de dinero o el rellenar nuestros armarios de locas cantidades de ropa. Tenemos que conrolar nuestras decisiones del armario con un sentido de moderación, simplicidad, y autocontrol. Si el atuendo es una locura extrema, es locamente carismia, o si es una locura para que la lleve a comprar otra, entonces usted debería dejarla pasar.

Entender el propósito de la ropa y haciéndose las tres preguntas, ¿Es adecuada? ¿Es decente? y ¿es moderada? le ayudará a encontrar la manera de vestir. Y no se olvide de incluir su “Ayudante” en el proceso. El Espíritu Santo es una fuente inestimable de asistencia cuando se trata de averiguar si su apariencia glorifica a Dios. Si su corazón es correcto y buscar su guía, Él será su asesor de vestuario personal y le enseñará que vestir y que no vestir.

© Editorial Moody. Adaptado de Girls Gone Wise in a World Gone Wild , pp. 103-108.

Redimido ¡Cómo Me Gusta Proclamarlo!

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Miércoles, 06 de abril 2011

Por mucho que nos gustaría abolir la esclavitud en la práctica, e incluso de nuestra memoria, la Biblia exige que la recordemos. La esclavitud tiene todo que ver con nuestra relación con Cristo. Somos sus esclavos, y nuestra esclavitud a Él es la garantía de nuestra seguridad eterna.

Históricamente, casi todas las sociedades en la tierra han practicado la esclavitud humana. En el Imperio Romano, durante el tiempo que el Nuevo Testamento fue escrito, los esclavos representaban aproximadamente una quinta parte de la población. Los esclavos eran de todas las edades, etnias, y tanto hombres como mujeres. Algunos esclavos estaban dedicados a trabajos forzados, mientras que otros les era más fácil la existencia, sirviendo en una casa.

No importa qué tipo de mano de obra esclava realizara, cada esclavo era propiedad de un amo. Los esclavos no tenían derechos personales. Ellos tenían que obedecer a su amo. La desobediencia grave garantizaba castigo; los delitos más graves podían provocar la muerte.

Esclavos de Nacimiento

Hoy no muchos saben lo que es ser tratado como un objeto de propiedad, obligados a servir a un amo humano. Pero la Biblia nos dice en Romanos 6:17, “que aunque erais esclavos del pecado.” El versículo antes que dice “obedecíamos el pecado.” El pecado fue nuestro maestro y no tuvimos más remedio que obedecer.

John MacArthur, en su reciente libro titulado apropiadamente Esclavo (Nashville: Thomas Nelson, 2010), nos da una idea del pecado como un amo dominante,

El pecado es un tirano cruel. Es el poder más devastador y degenerador de todo que aflige a la raza humana, de tal manera que toda la creación “gime y sufre dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8:22). Corrompe a la persona entera - infecta el alma, contaminando la mente, profanando la conciencia, la contaminación de los afectos, y envenenando la voluntad y. Es destructor de la vida, es un cáncer que condena al alma que se encona y crece en cada corazón humano no redimido como una gangrena incurable. (Págs. 120 a 21)

La Biblia nos dice la verdad: que no solo estábamos infectados por el pecado, nos poseía. El pecado era nuestro amo y no tuvimos más remedio que servir.

Pero no pensamos de nosotros mismos como “esclavos del pecado”, ¿verdad? No, ¡nosotros pensábamos que éramos libres! Y en un sentido deformado, retorcido, pervertido, realmente éramos libres: “Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.” (Romanos 6:20). Sin embargo, nuestro orgullo nos engañó sobre nuestra verdadera condición, por lo que nosotros pensábamos que éramos libres cuando estábamos envueltos en las cadenas de nuestra depravación.

No teníamos recursos para liberarnos, como un esclavo humano no puede comprar la libertad de su amo humano. La única esperanza que teníamos era si alguien comprara nuestra libertad.

Redimido por Cristo

Y esa es la buena noticia: Jesús nos redimió de la mercado de esclavos del pecado, esa es la doctrina de la redención. La redención es Jesucristo, el pago de un precio que nunca podría pagar para librarnos de nuestra esclavitud del pecado a través de Su muerte en la cruz.

La redención tiene sus raíces en el libro de Éxodo, donde leemos acerca del Dios liberador de su pueblo, Israel, de su esclavitud como esclavos en Egipto (Éxodo 6:6; 15:13). La imagen de la redención se hizo más clara, más específica y más profunda cuando Cristo vino a morir en nuestro nombre. Su muerte nos rescató, nos compró del mercado de esclavos del pecado, para que ahora fuésemos esclavos de él (Romanos 6:18, 22). Cuando murió, nosotros morimos también, que es lo que Romanos 6 nos dice: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto ha sido justificado del pecado”(vv. 6, 7).

Pagado en Su Totalidad

Cuando consideramos Romanos 6, (junto con otros pasajes en el Nuevo Testamento), la verdad de nuestra redención no sólo llena nuestros corazones de alegría que hemos sido rescatados del pecado, sino también fortalecer la confianza en nuestra seguridad eterna.

Nuestra redención tiene un origen divino. Dios es el que inicia nuestra redención. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo” (Efesios 2:4-5). No hicimos nada para ganarlo. No podríamos contribuir nada más a nuestra redención por Dios que lo que un esclavo pobre podrían contribuir a su adquisición por un amo humano.

Nuestra redención nos libró. Pablo escribe en Gálatas 1:4 que somos “liberados de este mundo malo” y en Colosenses 1:13: “Él nos libró del poder de las tinieblas.” Antes de que fuésemos cristianos éramos esclavos del pecado, libres de Cristo, ahora somos esclavos de Cristo, libres del pecado. “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” (Romanos 6:14).

Nuestra redención es completa y segura. Pedro escribe en 1 Pedro 1:18, 19 “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”

Dios no ha comprado nuestra libertad con oro o plata, la moneda típica para la compra de esclavos humanos, sino con la sangre de su amado Hijo. Cristo pagó el precio completo para asegurar nuestro rescate de la esclavitud del pecado, para sellar nuestra salvación. Él pagó el precio de Su preciosa sangre, que es incorruptible.

La redención de Cristo señala un cambio en nuestra relación eterna con El.

  • Dios lo hizo, por lo que no se puede deshacer.
  • Cristo nos ha liberado, estamos bajo un nuevo Dueño ahora, y nuestro viejo dueño no puede volver.
  • Dios pagó el precio completo de la preciosa sangre de su Hijo. No hay persona, no hay nada en la existencia que pueda pagar un precio más alto por nosotros para volvernos a comprar.

Él nos compró con Su vida. Somos Sus esclavos. Él es nuestro Señor.

Cristo Jesús, Señor de Todo

Permítame llevar esto a una conclusión mediante la entrega de lo que prometí. ¿Cómo garantiza la esclavitud a Cristo la seguridad de nuestra salvación? Históricamente, los esclavos no dejaban a sus amos humanos a voluntad, si lo intentaban, eran perseguidos, capturados, severamente castigados o asesinados. Del mismo modo que no tenemos la libertad de alejarnos de nuestros amos en el reino espiritual. Se requiere el poder de Dios para apartarnos del pecado amo del esclavo, y una vez que Su redención se realiza y se aplica, no hay poder que pueda romper el control que nuestro Amo tiene sobre nosotros. Nosotros pertenecemos a Cristo. Somos Sus esclavos, Sus preciosas posesiones para siempre.

A diferencia de los dueños de esclavos en toda la historia humana, desde el cruel hasta el benevolente, –y cualquiera entre ambos– Jesucristo es el Amo más grande, y más tierno. Aquí están sus palabras a todos los que se rinden a Su señorío: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:28-29).

Jesucristo es el único soberano, digno de nuestra devoción. Él es quien consolida la relación entre la esclavitud, la redención y la seguridad eterna. Su redención es perfecta, definitiva y para siempre, y los que somos sus esclavos, aunque seamos propensos a deambular, nunca podrán apartarse.

Fred Butler
Tomado de aquí

martes, mayo 17, 2011

La Gravedad del Infierno

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Miércoles, 11 de mayo 2011

Charles Spurgeon al recibir la comunicación compañeros de predicadores, "Todos los puntos de vista del castigo futuro hacen que parezca menos terrible." Sin embargo, una palabra oportuna de Spurgeon, los esfuerzos para extinguir las llamas del infierno abundan en nuestros días, tal como lo hicieron en los suyos.

Al escuchar las opiniones populares acerca del infierno, usted puede probar lo que se oye con algunas preguntas bíblicamente exigentes:

  • ¿Disminuye esta visión del infierno la amenaza del juicio de Dios?
  • ¿Tiende esta enseñanza a suavizar la urgencia del arrepentimiento?
  • ¿Ofrece al pecador la esperanza de la salvación más allá de esta vida?

Los puntos de vista modernos del infierno no van a sobrevivir la prueba de la fidelidad bíblica. Estos permiten que el pecador se sienta más cómodo y satisfecho por suavizar Dios, haciéndole menos severo.

Los desafíos a la doctrina del infierno empiezan por cuestionar lo que la Biblia dice claramente, pero no termina ahí. Wayne Grudem, reconociendo la tendencia a hacer parecer el infierno más llevador, notó un patrón trágico:

La doctrina del castigo eterno consciente ... tiende a ser una de las primeras doctrinas dadas por personas que se alejan de un compromiso a la Biblia como verdad absoluta [...]. Entre los teólogos liberales que no aceptan la veracidad absoluta de la Biblia, probablemente no haya nadie hoy en día que crea en la doctrina del castigo eterno consciente. (Wayne Grudem, Teología Sistemática)

Dos de las campañas más importantes contra el infierno son los ataques en contra de su eternidad y la gravedad. Travis nos dio un poco de ayuda en la comprensión de la eternidad del infierno, ahora vamos a echar un vistazo a la gravedad de infierno.

¿Será el Infierno Realmente tan Malo?

Cada vez que Jesús describió el infierno, él nunca fue frívolo o despectivo. Usó términos vívidos y terribles para describir el destino final de los pecadores, sorprendiendo y asustando a su público con metáforas tremendamente gráficas. El infierno es un lugar tan malo que usted debe estar dispuesto a cortar las partes sensibles e insustituibles de su cuerpo para evitarlo (Mt. 5:29-30), incluso el martirio valdría la pena para evitar el tormento del infierno (Mateo 10:28 ). Él siempre presentó el infierno como un lugar terrible de sufrimiento intolerable.

Sus descripciones son consistentes con otros escritores bíblicos. Daniel se refiere al infierno como un lugar de vergüenza y confusión perpetua (Daniel 12:2). Pablo lo llamó un lugar de destrucción y castigo sin fin (2 Tes. 1:5-10). Judas llamó al infierno un lugar de fuego eterno y oscuridad (Judas 7). El apóstol Juan describe el infierno como un lugar donde los pecadores sufren tormento eterno, sin descanso día y noche (Apocalipsis 14:9-11).

En conjunto, todas estas descripciones del infierno comunican dolor, miedo, pérdida, ira, separación, y desesperanza. Es absoluta agonía, y tormento eterno.

Agonía y Tormento

El Nuevo Testamento describe el infierno como un lugar de tormento inimaginable. Los escritores bíblicos nos ayudan con imagenes de escenas de horror indecible, y la mayoría de las veces están simplemente citando lo que dijo Jesús sobre el infierno:

  • lloro y crujir de dientes (Mateo 8:12)
  • destrucción espiritual y del cuerpo (Mt. 10:28)
  • horno de fuego (Mateo 13:42, 50)
  • las tinieblas de afuera (Mateo 22:13)
  • fuego que nunca se apagará (Marcos 9:48-49)
  • tormentos sin fin (Lucas 16:23-24)

Juan Calvino, al comentar sobre las descripciones, escribió: “En estas expresiones, el Espíritu Santo sin duda tiene la intención de confundir todos nuestros sentidos con miedo.” Calvino entendió la apelación de la Biblia a nuestros sentidos. Cuando se lee sobre el infierno en la Escritura, casi se puede oír los lamentos agonizantes, oler el humo y la quema de azufre, ver las llamas del lago de fuego, y sentir la ira hirviente de los impíos, mientras rechinan los dientes ante el Justo Juez.

Jesús usó imágenes y metáforas que nos ayudan a comprender el horror del infierno. La oscuridad representa la soledad, la inseguridad, la sensación de estar perdido y desorientado, el fuego representa el dolor insoportable de la quema, y un lago de fuego representa el sentido de ahogamiento, asfixia, tomando el fuego y azufre internos. Estos cuadros vivos del medio ambiente del infierno deberían provocar un sentido razonable de miedo en una persona normal que lo piensa. Nadie puede salir con la idea de que el infierno es un lugar aceptable para pasar la eternidad.

Abandono

Si bien es cierto que el infierno es un lugar de dolor físico y sufrimiento (fuego, ardiente, siendo cortado en pedazos), creo que a menudo se pasan por alto la agonía mental de estar completamente abandonado y abandonados por toda la eternidad. Después de todo, el grito más escalofriante de nuestro Señor mientras Él sufrió la ira de Dios en la cruz no surgió del dolor físico, sino de ser abandonado por el Padre. Jesús exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46).

John MacArthur explica la importancia de abandonar el Hijo de Dios en relación al infierno: “Este es un recordatorio para todos los pecadores que, si bien el infierno es la furia de la presencia del castigo personal de Dios, Él nunca va a estar allí para confortar. Nunca estará allí para mostrar simpatía. El nunca traerá alivio. [...] Es a la vez el castigo de Dios y la ausencia de consuelo ...] Eso es el infierno [castigo sin alivio (“El Rey Crucificado: la Consumación en el Calvario”). Como el puritano Thomas Vicente dijo, “No sólo el incrédulo estará en el infierno, sino que el infierno estará en él también.”

Prisión

El Nuevo Testamento presenta frecuentemente el infierno como una prisión, un lugar de reclusión eterna (Mateo 22:13; Judas 13; 2 Pedro 2:9.). Es imposible comprender las condiciones de detención del primer siglo mirando a las prisiones estadounidenses de hoy, donde las habitaciones incluyen televisión por cable, tres comidas, oportunidades de educación, ejercicio al aire libre y baño / ducha. En muchas de las cárceles del mundo a lo largo de la historia, los carceleros no sólo trataban a los presos como delincuentes, sino como sub-humanos, como animales.

Pero incluso el peor de las condiciones carcelarias terrenales sirve como analogías débiles al calabozo eterno del infierno de Dios. Dios no ofrece nada para consolar ó aliviar su agonía –nunca. En el infierno, los pecadores para siempre estarán sin esperanza, si ayuda y sin poder. Dios les arroja al infierno por una razón: castigo (2 Tes. 1:9).

Mire la Cruz

Si quieres un vistazo en el interior de las agonías del infierno, visita al Salvador en Getsemaní cuando se anticipó a la cruz. Vea las gotas de sudor con sangre cayendo de su cuerpo al enfrentar la realidad de la absorción de la ra eterna de Su Padre. Escuche Su grito angustioso desde la cruz cuando Su Padre, por primera y última vez- lo abandonó a Su Hijo levando el pecado. Sienta Su soledad al enfrentar las angustias solo.

El infierno es un lugar donde la completa ira de Dios y enojo es derramado eternamente sobre los pecadores. Posee en Sí mismo la esencia y la omnisciencia de la divinidad, Cristo sabía de lo que hablaba. Y como nuestro sustituto cargó los pecados, Él anticipó los tormentos del infierno y, finalmente, experimentó la efusión de la ira divina por todos aquellos que creerían.

La Escritura es muy clara acerca de la doctrina del infierno. Nada bueno puede venir de la defensa de un infierno que lo hace ser nada menos que una separación sin esperanza, dolorosa y eterna de la bondadosa gracia de Dios. Si rechaza, disminuye, o niega la doctrina del infierno, usted socava la gravedad de nuestro pecado en contraste con la santidad de Dios. Pero armados con la enseñanza precisa sobre el infierno, usted ayudará a entender al picador el por qué tiene que huir de la ira de Dios hacia la misericordia de Jesucristo.

Tomado de aquí

La Verdad Sobre el Infierno

image La Verdad Sobre el Infierno
Sábado, 30 de abril 2011

Más de 150.000 personas mueren cada día. Eso es 4.5 millones cada mes, una cifra que supera la población de Los Ángeles. Añada a esto el número de muertos en toda la historia humana-que es una cifra asombrosa. Por desgracia, muchas de esas personas murieron sin conocer a Cristo. ¿Qué destino les espera? ¿Realmente Descansan en paz, o encuentran una realidad diferente, más allá de la tumba?

Lamentablemente, aquellos que rechazan a Dios y Su camino de salvación no encuentran reposo cuando mueren. Entran en el infierno eterno, donde no hay paz para los impíos. Esa es una triste realidad, terrible, y es lo que la Biblia enseña.

El conflicto real en la doctrina bíblica del infierno es esencialmente una cuestión de autoridad. Lo que la Biblia afirma sobre el infierno le obliga a creer o a no creer, aceptar o rechazar. Es de nuevo la misma pregunta que confronta a todos: ¿Cree usted en la Biblia, o ¿no? Al final del día, la respuesta determina el destino de cada persona que ha vivido.

La Biblia es la fuente única de autoridad que dice la verdad sobre la muerte, el infierno y la eternidad. La Biblia tiene la última palabra sobre este tema y sobre todos los temas, porque se trata de un libro revelado. Proviene de Dios, del reino espiritual, y tiene las respuestas acerca de donde todos vamos a pasar la eternidad un día.

Entonces, ¿qué enseña la Biblia sobre el infierno?

El Infierno es

Lejos de toda leyenda, mito, metáfora o alegoría, la Biblia presenta el infierno como un lugar real, donde los malvados sufren la ira de Dios. Considere estos retratos vivos del infierno de tres diferentes escritores del Nuevo Testamento:

Entonces el Rey dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles." ... E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna . (Mateo 25:41, 46)

Y si tu mano te es ocasión de pecar, córtala; te es mejor entrar en la vida manco, que teniendo las dos manos ir al infierno, al fuego inextinguible,. (Marcos 9:43)

Y el que no fue hallado escrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego. (Apocalipsis 20:15)

La Escritura presenta un caso terriblemente claro de un infierno literal. Es un lugar donde Dios castiga a los no creyentes por toda la eternidad. Contrariamente a lo que algunos llamados evangélicos estan enseñando, el infierno no es un estado de ánimo o una vida muy dura en esta tierra. Su estado de ánimo puede cambiar, su situación puede mejorar. El infierno nunca cambia, nunca mejora. El infierno no es castigo, es, un insufrible castigo eterno en las manos de un Dios airado.

De acuerdo con la revelación que Jesús dio al apóstol Juan, el destino de cada creyente es,

... él también beberá del vino del furor de Dios, que está preparado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y en presencia del Cordero. Y el humo de su tormento asciende por los siglos de los siglos; y no tienen reposo, ni de día ni de noche, los que adoran a la bestia y a su imagen, y cualquiera que reciba la marca de su nombre.. (Apocalipsis 14:10-11)

Jesús y el Infierno

Aunque todos los autores del Nuevo Testamento reconocen la doctrina del infierno, Jesús tiene más que decir al respecto. La existencia del infierno no era algo que él cuestionara, debatiera, o defendió, y ciertamente no se disculpó por ello. Asumió la realidad del infierno, tanto como lo hizo la resurrección (Juan 5:28-29). Jesús ve el infierno como un lugar real, cierto, y así lo debería usted ver. De hecho, Él es el modelo de cómo se debe pensar en el infierno.

Cuando Jesús habló acerca del infierno, Su propósito siempre fue para advertir, no para hacer preguntas o plantear dudas. Considere las palabras gráficas que Él solía usar para retratar el infierno –estas claramente no están diseñadas para proporcionar comodidad, sino emor.

Según Jesús, el infierno es un lugar de tinieblas de afuera (Mateo 22:13), donde hay llanto y crujir de dientes (Mateo 8:12). El infierno es un horno de fuego (Mateo 13:42, 50) es un fuego que no se apaga (Marcos 9:48-49). El infierno es un lugar de destrucción espiritual y corporal (Mateo 10:28), donde hay un sinnúmero de tormentos (Lucas 16:23-24). El infierno es sin duda un lugar, un lugar horrible donde las condiciones agonizantes existen.

Sin Salida

¿Alguna vez ha sido atrapado en algún lugar en una situación fuera de su control-un avión, un ascensor, una celda de la cárcel? En tiempos como estos normalmente solemos tener una esperanza razonable de rescate o fuga.

¿Recuerda la mina que se derrumbó el año pasado en Chile? Treinta y tres mineros quedaron atrapados a miles de metros bajo tierra. Tomó sesenta y nueve días, pero todos ellos fueron rescatados de su tumba subterránea.

Nos encantan las historias como esa –contra viento y marea impensable, la búsqueda de una ruta de salida sorpresa o la ejecución de un rescate con éxito en el último momento. Pero eso no es posible cuando se trata del infierno. Dios construyó la cárcel del infierno, y no hay puertas o ventanas. Dios es carcelero del infierno, y no hay ninguna llave. No hay rutas de escape, y nadie es lo suficientemente potente como para rescatar a alguien de su mano. Es por eso que Jesús dijo: “No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Más bien temed a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28).

El infierno no ofrece medios de evacuación, de rescate o alivio-no hay salida, nunca. Los ocupantes del infierno están cerrados en su perdición (Apocalipsis 22:11). Los amigos y la familia no pueden ayudar, Dios no te ayudará. El tiempo de la misericordia ha pasado.

Como alguien que sabe exactamente lo que espera a los malvados, Jesús contó la historia de un hombre rico que fue atormentado en el infierno:

Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.

Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.. "(Lucas 16:24 -26)

Dante parecía entender ese mensaje. Su inscripción imaginaria sobre la entrada del infierno: “Abandonad toda esperanza, todos los que entráis aquí”, con razón, correctamente retratado el infierno como un lugar donde se dejan la misericordia y la esperanza en la puerta. Sin embargo, algunos rechazan esa idea y creen en contra del testimonio de la Escritura que Dios da a las personas una segunda oportunidad. Algunos todavía dicen que hay una oportunidad de post-mortem de creer en el evangelio, arrepentirse y ser salvos. Esto puede sonar atractivo (especialmente a los pecadores), pero no proviene de la Biblia.

Otros sostienen que una forma de universalismo que nace con la falsa esperanza de que el infierno no es el destino final de los pecadores. En su opinión, la obra redentora de Dios no se detiene en la muerte. Dios finalmente reconcilia a todas las criaturas a sí mismo, sí, incluso aquellos en el infierno. Como el evangelista británico John Blanchard dijo,

Todos los caminos al infierno son calles de un solo sentido. La idea de que los que van allí con el tiempo serán liberados y se unirán al resto de la humanidad en el cielo no tiene ni una pizca de evidencia bíblica para apoyarlo.

A los niños a veces se les contaba historias de ficción con la magnífica aventura terminando: “Y vivieron felices para siempre.” Llamamos a este tipo de historia un cuento de hadas. El universalismo es exactamente eso. (John Blanchard, "Whatever Happened to Hell?")

Ante tal evidencia clara e innegable sobre el infierno de las páginas de la Escritura, parece absurdo que evangélicos profesantes permitan cuestionar la existencia, la naturaleza, o la eternidad del infierno. Pero no debería sorprendernos. Satanás continúa sus esfuerzos para hacer al pecado menos ofensivo, u cielo menos atractivo, un infierno menos horrible, y al evangelio menos urgente.

No sea ignorante de las artimañas de Satanás. La Palabra de Dios no deja ninguna duda sobre la existencia o la naturaleza del infierno. Con claridad y autoridad, Dios nos ha dicho todo lo que necesitamos saber acerca del infierno, y cómo evitarlo por los méritos de Cristo.

Tomado de aquí

¿Realmente el Infierno es Eterno?

image ¿Realmente el Infierno es Eterno?
Viernes, 06 de mayo 2011

Un punto de vista del infierno que parece estar teneindo un fuerte resurgimiento hoy entre los evangélicos es el Aniquilacionismo. Hay ligeras variaciones, pero básicamente enseña que Dios finalmente esfumará a cada creyente de su existencia. Algunos aniquilacionistas dan lugar a la ira divina, pero no le permiten que se extienda más allá del lago de fuego. En otras palabras, no le permiten a Dios toda la fuerza de Su juicio, el cual es un tormento eterno y consciente. Para ellos, el lago de fuego es algo que consume por completo y finalmente destruye a los pecadores. Ya sea que vean la muerte como el fin, o si ven el infierno de tormentos como limitado en el tiempo, el resultado es el mismo: la negación de la infinitud del infierno.

“Espere un minuto”, usted protesta, “¿qué pasa con todas las referencias bíblicas a las llamas eternas y al castigo eterno? ¿No dice Mateo 25:46 que los impíos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna?” Buena pregunta. Por ninguna razón exegética buena, algunos aniquilacionistas han entendido la palabra “eternal” para referirse, no con una duración de tiempo, sino a la calidad del juicio de Dios. Es eterno en la calidad, a pesar de que tiene un fin. Otros Aniquilacionistas dicen que “eterno” se refiere a los efectos del juicio divino. Es decir, los resultados del juicio de Dios en la muerte –como en la extinction y aniquilación, el cual es un estado de no-existencia que dura eternamente.

Si usted está teniendo dificultades para doblegar su mente sobre esto, usted no está solo. Es difícil concebir a un pecador experimentando una cualidad eterna del juicio sin que dure para siempre. Mateo 25:46 enseña claramente que la duración del castigo y la vida son iguales, ambos eternos. John MacArthur ha dicho:

El castigo en el infierno se define por la palabra aionios, que es la palabra eterna o eterno. Hay gente a quien le gustaría volver a definir la palabra aionios y decir: “Bueno, realmente no significa para siempre.” Pero si haces eso con el infierno, lo habrás hecho con el cielo también, porque la misma palabra se usa para describer a ambos. Si no hay un infierno eterno, entonces no hay un cielo eterno. Y voy a ir un más allá. La misma palabra se usa para describir a Dios. Y por lo tanto si no hay un infierno eterno, entonces no hay un cielo eterno, ni hay un Dios eterno. Está claro que Dios es eterno, y, por tanto, el cielo es eterno, y así es el infierno. (John MacArthur, "Un Testimonio de Uno Sorprendido de Estar en el Infierno, 2a. Parte”)

Agustín en pocas palabras, lo estableció hace más de 1500 años: “Decir que la vida eterna será eterna, [pero que] el castigo eterno, vendrá a su fin es el colmo de lo absurdo”

Decir que pasajes como Mateo 25:46 se refieren a eternidad como una cualidad de juicio, pero no dicen nada sobre la duración, especialmente sin un apoyo exegético, es simplemente darlo por sentado. El significado de “eterno” en este pasaje es claro: es eterno.

Los Aniquilacionistas a veces explican “eternal” en el sentido de un efecto eterno. Dicen que las palabras como destrucción y muerte se refieren a algún tipo de desintegración o de ser consumido. Dios no atormenta a los malvados por toda la eternidad, Él simplemente termina con su existencia, y el efecto de ese acto singular de juicio dura para siempre. Como señalamos anteriormente, esto permitirá que Dios este airado, pero sólo por un tiempo. Decir que el castigo divino es eterno va demasiado lejos, es una forma de castigo cruel e inusual. Eventualmente, ellos creen que Dios esfumará a los impíos de la existencia, y que la condición de no-existencia durará para siempre.

Aparte del problema metafísico (¿Cómo puede algo que ya no existe decir que durará para siempre?), Hay un problema muy serio con la perspective del “cese de la existencia” que no tiene en cuenta a un Legislador que es infinito y eterno por naturaleza. La gravedad de un delito se mide, no sólo por la naturaleza del acto en sí, sino también en relación con el ofendido. Por ejemplo, si un hombre golpea a otro hombre en una esquina de la calle, este pueden sufrir algunas consecuencias –cargos de alteración del orden público, asalto, o lesiones. Sin embargo, si alguien golpea al Presidente de los Estados Unidos seguramente, cuando el Servicio Secreto termine con él, estará un buen tiempo en prisión.

Es como que los delitos cometidos contra un Dios santo. Puesto que una ofensa contra un legislador finito es finita, el castigo para satisfacer el delito es también finito. Ese es el principio detrás de Éxodo 21, ojo por ojo (vv. 23-25). Pero un delito contra Legislador eterno e infinito no es finito, es infinito y eterno. Corresponde al juez el determinar la gravedad de la infracción en sí, por ejemplo, decir una mentira “blanca” contra al cometer un homicidio, pero la naturaleza de la infracción se mide según la naturaleza de Dios que es santo y eterno. Del mismo modo, Dios, que es perfecto en justicia, determina la justicia exige una infracción. De acuerdo a Su Palabra, el castigo por un delito contra un Dios santo es el tormento eterno en el infierno.

A nivel humano, es comprensible cuando la gente retrocede de la enseñanza de la Biblia acerca del tormento eterno. Es una doctrina absolutamente horrible y terrible. Es imposible concebir un delito tan grave-incluso los crímenes de la gente famosa como Hitler, Stalin, Pol Pot, Mao, y Osama bin Laden -como para merecer la agonía eternal e insoportable descrita en la Biblia. Pero eso demuestra lo poco que entendemos la pecaminosidad del pecado, por una parte, y la santidad de Dios por la otra.

Los caminos de Dios son más altos que nuestros caminos y sus pensamientos son más altos que nuestros pensamientos, no podremos comprenderlo (Isaías 55:8-9). De una manera incómoda conmovedora y penetrante, la doctrina del infierno eterno confronta nuestra lealtad, revela nuestra verdadera autoridad, y pide que dejemos de lado lo que parece razonable para nosotros y la confianza en el justo juicio de un Dios santo. Cuando aceptamos las doctrinas duras de la Biblia, se convierte en una de las evidencias más importantes de la verdad: la fe dada por Dios.

La doctrina bíblica de un infierno eterno nos da una razón más para alabar a Dios por el Evangelio. Tomó una persona eterna para satisfacer una pena de eterna contra el pecado, que descalificó toda la raza humana, excepto una persona: Jesucristo. Él es el Hijo del hombre y el Hijo eterno de Dios. Cuando Jesús dio su vida, su sacrificio satisfizo todas las exigencias de la justicia divina. Para aquellos que confían en Jesucristo como su sustituto, su muerte ha cumplido con la eterna ira de un ser eterno y Dios justo. Él llevó nuestro castigo en su cuerpo, absorbiendo la ira eterna de Dios. Pero para aquellos que no abrazan a Cristo, son abandonados a sí mismos- estos llevarán el pecado de sus delitos en contra de un Dios eterno, y sufrirán por ello eternamente, nunca serán capaces de satisfacer Su ira eterna.

Espero que la doctrina del tormento eterno le despierte. Que os llene de alabanza a Dios por haberle salvado del castigo eterno, para darle vida eterna en su lugar. Puede humillarte cuando te das cuenta que no están recibiendo lo que mereces. Y puede encender en ti una pasión por anunciar el Evangelio a los pobres almas que no son conscientes del terror que les espera fuera de la misericordia de Dios.

Travis Allen

Tomado de aquí

viernes, abril 29, 2011

El Evangelio Sin Cruz – 2a. Parte

clip_image002 El Evangelio Sin Cruz – 2a. Parte

(Abril / mayo de 2011 - Volumen 17, Número 2)

Escrito por Gary Gilley

En el primer artículo sobre el "Evangelio sin cruz" que identifiqué cuatro posiciones distintas adoptadas por los evangélicos en relación con el evangelio. Estas cuatro escuelas de pensamiento tienen mucho en común, pero no están de acuerdo en los puntos importantes. La perspectiva del “Evangelio del Reino” es la idea de que el Evangelio es esencialmente la proclamación de que Jesús es Señor sobre todas las cosas y es el mandato de la iglesia para trabajar hacia una justicia social, política y económica en todo el mundo. Algunos, como NT Wright, que añaden una dimensión espiritual a la agenda y hacen un llamado a los hombres a la reconciliación con Cristo, mientras que otros, por ejemplo, Brian McLaren, ven esta invitación como siendo innecesaria. Aquellos que proclaman el evangelio del “Salvación de Señorío” se refieren a una relación correcta con Cristo. Ellos creen que esta relación sólo es posible sobre la base de la obra terminada de Jesucristo, que ahora ofrece la salvación a todos los que se arrepienten y se vuelven a El solo por la fe solamente. La recepción del Evangelio implica renunciar a nuestros dioses anteriores y a aquello a lo cual antes confiábamos y abrazar a Cristo Jesús como nuestro Salvador y Señor.

Las dos posiciones que se abordarán en este documento, serán en alineación con los del Señorío en su comprensión de la persona y la obra de Cristo. Sin embargo la perspectiva de la Libre Gracia rechaza la necesidad de rendición al Señorío de Cristo, mientras que el Evangelio Sin Cruz toma la teología de la Libre Gracia, alegando que el no regenerado no necesita saber nada acerca de la persona y la obra de Cristo para ser salvo.

El Evangelio de la Gracia Libre

Si bien el término “Libre Gracia” se remonta al menos a los debates entre John Wesley y George Whitefield [1] ha adquirido una nueva connotación desde la década de 1980. Zane Hodges, profesor de mucho tiempo de griego en el Seminario Teológico de Dallas, había escrito El Evangelio Bajo Sitio [The Gospel Under Siege] en 1981 en el que desafió a muchas de las enseñanzas soteriológicas tradicionales que se encuentran en la teología reformada, sobre todo la necesidad de arrepentimiento para salvación, la fe como un compromiso, el fruto espiritual como prueba de la salvación, y la perseverancia de los santos. John MacArthur siguió con El Evangelio Sgún Jesucristo en 1988, que, básicamente, declaró la guerra a la perspectiva de Hodges y llevó al debate a las salas de los evangélicos. Hodges defendió su posición el próximo año con el libro Totalmente Gratis. Mientras MacArthur considera las enseñanzas de Hodges como una “fe fácil”, Hodges junto con Robert Wilkins y otros acuñaron su punto de vista de “Libre Gracia” y fundaron la Grace Evangelical Society [Sociedad Evangélica de la Gracia] en 1986 para promover su comprensión del evangelio. También crearon el término “Salvación del Salvación” para describir lo que MacArthur, y la mayoría de los que se alínean con la comprensión reformada del Evangelio y enseñan. La Libre Gracia se separó en varios frentes de las enseñanzas más tradicionales derivadas de la Reforma, pero algunas de las características más singulares son:

  • Los de la Libre Gracia han reducido su búsqueda de una descripción de cómo una se salva en el Evangelio de Juan. No es que otros textos no tienen nada que aportar a la discusión del evangelio, pero las definiciones del Evangelio o las instrucciones de evangelización que se encuentran fuera del Evangelio de Juan se reinterpretan para armonizarla con la presentación de Juan. En otras palabras, el Evangelio de Juan tiene la última palabra sobre el Evangelio. Hodges explica las razones detrás de esta elección: “El evangelio de Juan es el único libro en el Nuevo Testamento que claramente declara que fue escrito con un propósito evangelístico en perspective” [Juan 20:30-31]. [2] Este concepto se refuerza en reciente revisión de libro Robert Wilkins del Evangelio de Cristo en el que escribe: “Hodges, Niemela, y muchos otros han argumentado, persuasivamente, en mi opinión, que el Evangelio de Juan es el lugar donde el Señor Jesús nos dio el mensaje de salvación…Desde hace tiempo el sello distintivo de la posición de Libre Gracia de que los Evangelios sinópticos fueron escritos a la iglesia para el discipulado, no a los incrédulos para decirles que deben creer que deben nacer de nuevo.”[3] En contraste con la declaración de Wilkins cabe señalar que todas las demás tradiciones evangélicas reconocen la contribución del Evangelio de Juan con el mensaje de salvación, pero se cree que muchos otros textos del Nuevo Testamento tienen mucho que decir sobre el tema, sobre todo partes sustanciales de Romanos, Gálatas y Hebreos. Los que están fuera del campo de la Libre Gracia creen que es un error reducir el evangelio a las enseñanzas de un solo libro del Nuevo Testamento y rechazar las contribuciones de los demás.
  • La fe salvadora es despojada de cualquier aspecto de compromiso o entrega al señorío o dominio de Cristo. “Lo que realmente es la fe en el lenguaje bíblico,” declaró Hodges, “es recibir el testimonio de Dios. Es la convicción interna de que lo que Dios nos dice en el evangelio es verdadero. Eso - y solamente eso – es la fe salvadora ... La fe salvadora es tomar a Dios en Su palabra en el Evangelio.[4] Hodges continua al definir la fe como una “firme convicción”, [5] una confianza de un nio”, [6] un “acto de apropiación” de la verdad del evangelio, [7] y un “acto de confianza.” [8] Sin embargo, como David Anderson, él mismo un partidario de la Libre Gracia, tiene cuidado de distinguir, mientras que Hodges utiliza todas estas definiciones de la fe, él no utiliza la palabra compromiso o entrega. [9] La Libre Gracia ve el compromiso como tomar el concepto de la fe demasiado lejos. Algunos también creen que la fe puede morir y citar Santiago capítulo dos como prueba de su caso. La fe muerta en Santiago no se ve como una fe falsa, sino una fe que ha perdido su fuego o fervor por Cristo. Las obras llevan a la fe a la vida. [10] Afirma Anderson, “Si sepoaramos las obras de nuestra fe, y continua sin vida y tropezando. Está muerta. Si queremos llevar nuestra fe a la vida, hay que añadir las obras de nuestra fe. Las obras actuan como una inyección de adrenalina para nuestra fe. Ellas le dan fuerza y ​​vigor. Ellas le dan vida.” [11] Los mestros d ela Libre Gracia se preocupan profundamente de que el evangelio no se “anticipe”, con obras (una buena preocupación). Al parecer, ven la convicción, la confianza y la apropiación como parte de la fe, pero el compromiso o la entrega a Cristo como obras. Lo mismo puede decirse para el arrepentimiento entonces.
  • Ya que el llamado al arrepentimiento para la salvación no se encuentra en el Evangelio de Juan, el arrepentimiento del pecado es innecesario para responder a la invitación del Evangelio. La declaración oficial de la doctrina de la Grace Evangelical Society afirma:

El arrepentimiento, correctamente lo define como un cambio de mentalidad, es una parte integral de esta fe salvadora. Ningún acto de obediencia, antes o después de la fe en el Señor Jesucristo, tal como el compromiso de obedecer, el dolor por el pecado, volverse de su pecado, el bautismo, o la sumisión al señorío de Cristo, se puede agregar a, o ser considerado como una parte de la fe como condición para recibir la salvación eterna. [12]

Hodges escribe, “El llamado a la fe representa el llamado a la salvación eterna. El llamado al arrepentimiento es el llamado a entrar en relaciones armoniosas con Dios…el auténtico arrepentimiento puede preceder a la salvación ... no tiene por qué hacerlo.”[13] David Anderson, en su libro recientemente publicado Soteriología Libre Gracia se aparta de algunos pensadores de la Libre Gracia en comprender el arrepentimiento como llevando más peso que “cambiar de opinión.”[14] Con muchos de los del Señorío que definen el arrepentimiento como “una resolución interna de volverse de sus pecados.” [15] Sin embargo, Anderson se une con Hodges en su posición soteriológica afirmando que “El arrepentimiento no es una condición previa para los no creyentes para llegar a un conocimiento salvador de Jesucristo.”[16] El arrepentimiento según lo entendido por los de la comunidad de Libre Gracia, en contraste con la enseñanza de la mayoría de los teólogos conservadores desde la Reforma, no es una faceta de la fe salvadora. El arrepentimiento es necesario para la comunión apropiada con Dios, pero no para la relación con Dios.

  • Los adherentes de la Libre Gracia se caracterizan a menudo como creer que, si bien el fruto del Espíritu puede manifestarse en la vida del regenerado no tiene por qué hacerlo. Es posible que un individuo puede experimentar una verdadera conversión, pero no evidenciar un cambio espiritual en absoluto. Sin embargo, esta caracterización parece ser un poco más de un “hombre de paja.” Anderson cita Hodges:

Hay muchas razones para creer que habrá buenas obras en la vida de cada creyente en Cristo. La idea de que uno puede creer en Él y vivir durante años totalmente sin ser afectado por el asombroso milagro de la regeneración, o por la instrucción y / o disciplina de Dios, su Padre celestial, es una idea fantástica - incluso extraña. Nosotros lo rechazamos catgóricamente.[17]

La mayoría en el campo de la Libre Gracia ven el fruto y las buenas obras como una prueba secundaria de la salvación pero no la evidencia principal objetivo que es la fe en Cristo. La mayoría de los del Señorío estarían de acuerdo.

  • Los que han recibido a Cristo por la fe son salvos y seguros de vida eterna y tienen una relación auténtica con el Señor. Sin embargo, aquellos que no obedecen a Cristo y permiten que el Espíritu Santo transforme sus vidas no estarán a la altura de heredar el reino de los cielos y no experimentarán la comunión con el Señor. Anderson lo encierra de esta manera: “¿Qué si la recepción de la vida eterna ... es por la fe, y la posesión de la vida eterna ... es por las obras?” [18] Algunos de la Libre Gracia ven una diferencia entre una entrada en el Reino, que es un don de Dios recibido por la fe, y heredar el Reino que es una recompensa impuesta por las buenas obras. En la eternidad algunos creyentes disfrutarán de las glorias del Reino, mientras que otros estarán fuera del Reino e incluso en el sufrimiento.

Esta última idea se deriva de la interpretación de los agentes en las parábolas de Jesús, que algunos creen que deben ser necesariamente cristianos. En cuanto a la cabeza de la casa (Mateo 24:42-44), el esclavo malo (Mateo 24:45-51), las vírgenes necias (Mateo 25:1-13), y los esclavos malos y perezosos (Mateo 25:14 - 30) Joseph Dillow escribe: “No hay nada en el contexto que nos obligue a interpretar estas cuatro personas como cualquier otro que cristianos carnales. Nada, es decir, a excepción de ciertas ideas preconcebidas llevadas al pasaje nos impedirá creer que un verdadero creyente pueda entrar en estos juicios descritos.” [19]

Sin embargo, Jesús dice de algunos de estos esclavos malos que cuando Él venga, “y lo azotará severamente y le asignará un lugar con los hipócritas; allí será el llanto y el crujir de dientes.” (24:51). En Mateo 25:30, Cuando el Señor viene El les dice a Sus siervos “Y al siervo inútil, echadlo en las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes” ¿Cómo es posible que un verdadero creyente en el tiempo del regreso de Cristo no sólo perderá la herencia en el reino, sino también serán echados a las tinieblas de afuera y experimentan un dolor indecible? Dillow intenta suavizar el nivel de sufrimiento diciendo que se trataban más bien de metáforas para el juicio y simbolismo de un profundo pesar, [20] , pero no sólo él esta leyendo lo que quiere en el texto él está proclamando que el cristiano será echado a cabo y sufrirá dolor (emocional y / o físico) como juicio de Cristo en Su venida. Esta es una clara desviación de la concepción tradicional de estas parábolas y el destino del creyente en la venida de Cristo.

Estas son algunas de las posiciones distintivas de la teología de la Libre Gracia. Algunos difieren de la opinión del Señorío sólo en cuestiones de grado, otros son radicalmente divergentes. Pero en los últimos años algunos de los líderes de la Libre Gracia han tomado su teología en diferentes direcciones. Este nuevo curso es llamado por algunos (no por aquellos que lo abrazan) el Evangelio Sin Cruz. En la lectura de los escritos originales de hombres como Hodges creo que las raíces del Evangelio Sin Cruz han sido evidentes desde el principio, pero en la última década han provocado una división en la comunidad de la Libre Gracia. Esta división llevó a la formación de la Alianza de la Libre Gracia en 2004. Algunos de los líderes notables de ALG [FGA] son Charles Bing, Radmacher Earl, Fred Chay, Larry Moyer y Daniel Anderson. Estos, y muchos otros, han conservado la comprensión original de la Libre Gracia del mensaje del evangelio, mientras que Robert Wilkins y Zane Hodges, y al parecer los ahora asociados a la Sociedad Evangélica de la Gracia, se adherirán al Evangelio Sin Cruz que ahora vamos a describir.

El Evangelio Sin Cruz

La singularidad de la posición del Evangelio Sin Cruz se entiende mejor a través de una famosa ilustración que ahora ofrece Zane Hodges en un artículo para La Revista de la Sociedad Evangélica de la Gracia, titulado “Cómo Guiar a las Personas Cristo: 1a. Parte, El Contenido de Nuestro Mensaje.” A continuación cito a Hodges en su totalidad:

“Trate de imaginar una persona no salva abandonado en una isla pequeña, deshabitada en el medio del Océano Pacífico. Él nunca ha oído hablar sobre el cristianismo en su vida. Un día una ola leva un fragmento de papel hasta a la playa. Está mojado pero aún parcialmente legible. En ese papel están las palabras de Juan 6:43-47. Pero las únicas porciones que se pueden leer son: “Entonces Jesús respondió y les dijo:” (v. 43) y “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí tiene vida eternal” (v. 47). Ahora supongamos que nuestro hombre no salvo de alguna manera se convence de que esta persona llamada Jesús puede garantizar su futuro eterno, ya que Él promete la vida eterna. En otras palabras, él cree las palabras de Jesús en Juan 6:47. Se salvó? Sospecho que hay algunas personas de la gracia que dirían que este hombre no se salva porque no sabe lo suficiente. Por ejemplo, él no sabe que Jesús murió por sus pecados en la cruz y resucitó al tercer día. Huelga decir que hay mucho más que no conoce bien, como la doctrina de la Trinidad, el eterno Hijo de Jesús o la doctrina del nacimiento virginal. ¿Pero por qué es que no se salva si él cree en la promesa de las palabras de Jesús? Es precisamente la capacidad de Jesús para garantizar la vida eterna que Le hace el Cristo en el sentido joanino del término. El intercambio de nuestro Señor con Marta en Juan 11:25-27 demuestra esto claramente” [21]

Vamos a analizar cuidadosamente esta declaración ilustrativa diciendo:

“Nunca ha oído hablar sobre el cristianismo en su vida.” Esto significaría que esta persona no sabe nada en absoluto sobre el Dios verdadero, sobre Jesús, el pecado, la salvación verdadera, la cruz, la resurrección, el cielo o el infierno. Él es una pizarra en blanco, lejos de preocuparse en cuanto a la verdad bíblica, quien ahora deberá evaluar el mensaje que ha leído sin ningún contexto.

“Un día una ola lleva un fragmento de papel hasta a la playa. Está mojado pero aún parcialmente legible. En ese papel están las palabras de Juan 6:43-47. Sin embargo, las únicas porciones legibles son: “Entonces Jesús respondió y les dijo:” (v. 43) y “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí tiene vida eternal” (v. 47). ¿Por qué Hodges siente que es importante mencionar que el texto completo de los desechos de papel originalmente contenían todo Juan 6:43-47 es desconcertante ya que lo único que importa es la parte que sea legible. El hecho es que todo lo que nuestro amigo abandonado sabe acerca de Dios, la salvación, o Jesucristo, es que una persona llamada Jesús ha ofrecido dar vida eterna a aquellos que creen en El. Tenga en cuenta que este hombre no sabe quién es Jesús, de hecho, él nunca ha oído hablar de Jesús antes. Él no sabe que Jesús es el Hijo de Dios, que Él como Hijo de Dios se hizo hombre, que Él es nuestro Salvador del pecado y que Él murió en la cruz y resucitó. El solo ha escuchado sólo el nombre de Jesús. Por lo que este hombre conoce a Jesús podría ser un político de Washington, un vendedor ambulante o un jugador de béisbol de Grandes Ligas. Además, nuestro amigo perdido, no sabe que Jesús es el Cristo. Esto es importante, como se demostrará a continuación.

Ahora supongamos que nuestro hombre no salvo de alguna manera se convence de que esta persona llamada Jesús puede garantizar su futuro eterno, ya que Él promete la vida eterna. En otras palabras, él cree las palabras de Jesús en Juan 6:47. La escenario está en su lugar y ahora Hodges hace la pregunta ¿Se salvó? Muchos de los que se han convencido de la validez de las enseñanzas de Hodges en los últimos dos o tres décadas se enfrentan a un dilema. Ellos han aceptado el concepto de que “si creemos que Jesús es el que garantiza nuestro destino eterno, hemos creído todo lo que es absolutamente necesario de creer para ser salvos.” [22] Y “es el nombre de Jesús que trae la salvación cada vez que alguien cree en ese nombre como su esperanza segura de bienestar eterno. No somos salvos por creer en una serie de proposiciones teológicas, aunque verdaderas e importantes que sean. Somos salvos por creer en Jesús.” [23]

Pero el nombre de Jesús no es una contraseña mágica a la vida eterna. Bíblicamente un “nombre” lleva consigo el contenido de quién es esa persona. Para un legionario romano del siglo primero hablar “en el nombre de César”", por ejemplo, era hablar por el Emperador de Roma. Los que escuchaban el mensaje no tenían que saber todos los detalles sobre la vida del emperador, pero que tenían que entender que él estaba al mando para que el mensaje tuviese sentido o autoridad. Del mismo modo, el nombre de Jesús refleja cierto contenido. No es sólo un nombre al azar, es el nombre terrenal del Hijo de Dios, el Salvador, el que murió en nuestro lugar en la cruz, el que resucitó de los muertos y ascendió a la presencia del Padre. Nuestro hombre varados no sabe nada de estas cosas, el acaba de leer un nombre sin significado o contexto.

Hodges, por supuesto, se ha anticipado a estas objeciones y escribe: “Sospecho que hay algunas personas de la gracia que dirían que este hombre no se salva porque no saben lo suficiente. Por ejemplo, él no sabe que Jesús murió por sus pecados en la cruz y resucitó al tercer día. Huelga decir que hay mucho más que no conoce bien, como la doctrina de la Trinidad, el eterno Hijo de Jesús o la doctrina del nacimiento virginal.” Hodges espera resistencia a su ilustración, incluso dentro de su propio círculo teológico, por una buena razón - casi nadie en la historia de la cristiandad ha hecho la sugerencia de que todo lo que uno necesita hacer para ser salvo es creer en un nombre al azar. Los evangélicos conservadores a lo largo de los siglos, han cerrado filas en la necesidad de conocer y creer en la persona y la obra de Jesucristo. Esta es la razón de por que los misioneros viajan por todo el mundo, porque se hace todo lo posible para proclamar el evangelio a través de todos los medios posibles. Si todo lo que se necesita es Juan 6:47 y publicar el nombre de Jesús, podríamos tirar todos nuestros recursos mostrando pancartas diciendo “Jesús salva” y contratando más anuncios saltando delante de las cámaras en el Super Bowl con Juan 3:16 escrito en el pecho.

Pero Hodges no debe ser disuadido: ¿Pero por qué es que no se salva si él cree que la promesa de las palabras de Jesús? Es precisamente la capacidad de Jesús de garantizar la vida eterna que Lo hace el Cristo en el sentido joanino del término. El intercambio de nuestro Señor con Marta en Juan 11:25-27 lo demuestra claramente.” Hodges escapa a la lógica aquí porque él cita a Jesús diciendo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?” Marta responde:" Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que vino al mundo.” Nótese en primer lugar que Jesús no era un nombre cualquiera con Martha. Ella ya creía que él era “Señor” (es decir, Dios), “el Cristo” (es decir, el Ungido) “el Hijo de Dios” que se había convertido en hombre (es decir, la encarnación). Jesús añade que Él es la “resurrección y la vida.” Martha tiene un amplio conocimiento teológico sobre quién es Jesús y se le da más antes de que se le pida que crea en El.

Creer que Jesús es el Cristo parece importante en el sistema de Hodges, como debe ser. En el mismo artículo se hace referencia a la mujer en el pozo (Juan 4) y correctamente, proclama: “No hay evidencia de que ella o los otros samaritanos entendieron la deidad de nuestro Señor. Pero ellos creían que él era el Cristo. Y Juan nos dice en su primera epístola que “todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios (5:1).” [24] Estoy de acuerdo, pero creer que Jesús es el Cristo, el Mesías, el Ungido, requiere contenido en el nombre de Jesús - el contenido que nuestro habitante de la isla no tiene. Este hombre no sabe ni lo que “Cristo” significa, ¿cómo puede creer que Jesús es el Ungido? Hodges cuenta diciendo: “Cuando él cree en Juan 6:47 el está creyendo en Jesús como el Cristo.” [25] Sin embargo, “Cristo” significa mucho más que aquel que nos da la vida eterna. William Mounce, en su Complete Expository Dictionary of Old and New Testament Words [Diccionario Completo Expositivo de Palabras del Antiguo y Nuevo Testamento], escribe, “Christos” significa “Mesías, el ungido, el Cristo”... es la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (16:16)…De acuerdo con el Nuevo Testamento, Jesús como Cristo cumplió la expectativa de un libertador de Israel de sus pecados ... La predicación del NT, especialmente entre los Judíos, se centra en presentar a Jesús como el Cristo.” [26] Como se puede observar, en el uso del NT de “Cristo” significa que el es el Hijo de Dios, el Salvador del pecado, no sólo aquel que ofrece la vida eterna. El hombre abandonado de Hodges no puede saber el significado de Cristo de entre los desechos del papel que ha leído.

¿Qué hay de la Cruz?

Sobre la base de la ilustración de Hodges es obvio que el conocimiento de quién es Jesús (Su persona) no es importante en el asunto de la salvación - simplemente creer en un nombre, el nombre de Jesús, será suficiente. Pero ¿qué pasa con las obras de Cristo? ¿Es necesario que entendamos lo que Jesús ha hecho por nosotros (Sus obras) con el fin de ser salvo? No, según Hodges: “hace el Evangelio de Juan no enseña explícita ni implícitamente que una persona debe entender la cruz para ser salvo.” [27] Esta creencia se deriva directamente del núcleo de la comprensión de Hodges de la enseñanza del Nuevo Testamento sobre la salvación: “Déjeme decir esto: todas las formas del evangelio que requieren un mayor contenido a la fe en Cristo que el Evangelio de Juan requiere son erróneas.” [28]

El Evangelio de Juan se le da la última palabra, en absoluto nada que ver con el mensaje del evangelio. Al resto del Nuevo Testamento no se le permite informar o añadir nada a Juan sobre la base de un solo versículo de la Biblia, Juan 20:31, “Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” Tan maravilloso como esta afirmación es, sin embargo, a relegar a toda la enseñanza del Nuevo Testamento sobre la manera en como ser salvo alrededor de un solo versículo y luego de declarar que uno, y sólo un libro de la Biblia tiene algo que decir sobre el tema es peligroso en el mejor de los casos, y casi garantiza al exegeta de las Escrituras que se vaya por mal camino. Creo que Hodges y compañía han hecho esta misma cosa.

La mayor preocupación que Hodges, Robert Wilkins, y que tienen otros que han abrazado el Evangelio Sin Cruz es que algunos están agregando al mensaje del evangelio. Si las adiciones se necesarias nada más para “creer en el Nombre de Jesús” ¿dónde está el límite? ¿Cuánto más debe ser entendido y creído por una persona para ser salvo? Hodges escribe:

Nadie ha confiado en ese nombre para su bienestar eterno que no se haya salvado de esta manera. Y esto es verdad no importa lo poco que se habrían enterado de Aquel a quien representa ese nombre ... Todo el que cree en ese nombre para salvación eterna se salva, independientemente de los puntos en blanco o defectos en su teología por lo demás ... En otras palabras, Dios no dice a la gente “Tu confiaste en mi el nombre de mi Hijo, pero que no creíste en su nacimiento virginal, o su expiación sustitutiva, o su resurrección corporal, por tanto tu fe no es válida.” [29]

Todos coinciden en que una persona no tiene por qué conocer todos los hechos acerca de la persona y la obra de Cristo para ser salvos. Que María era Su madre, El nació en Belén, se crió en Nazaret, fue bautizado en el río Jordán y numerosos otros detalles son importantes pero no son esenciales para el mensaje de salvación. Pero creo que las Escrituras dejan claro que el mensaje del evangelio debe incluir la siguiente información:

La necesidad humana: El imaginario isleño de Hodges no tiene ningún concepto de un Dios Santo, que exige la perfección sin pecado de aquellos que entran en relación con El. Si bien el universo creado por Dios y un testimonio interno dado (Rom 1:18 ss) confirman que existe una deidad, lo que la deidad es realmente y lo que demanda queda fuera del alcance de la revelación general. Del mismo modo, mientras que la conciencia de este hombre revela que está en realidad en pecado (Romanos 2:15), él no tiene medios para quitar esa culpa y no tiene conocimiento de quién o qué puede. Sin revelación específica (es decir, la Escritura) nuestro amigo atrapado puede tener un temor a una deidad desconocida y una convicción personal de sus propios pecados, pero él no tiene conocimiento de su necesidad real o del verdadero Dios. La etapa inicial del testimonio del evangelio es revelar el verdadero Dios y el verdadero problema humano del pecado y la separación del Dios verdadero.

Pablo aprovecha la ocasión en 1 Corintios 15:1-4 para diseñar el esquema del evangelio que él predicó - el evangelio “por el cual usted es salvo” (v. 2). ¿Cuál fue el contenido de su evangelio? En el versículo tres, Pablo escribe: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados.” El evangelio es la buena noticia de lo que Dios ha hecho a través de Cristo para salvarnos de nuestros pecados. Nadie puede ser salvo hasta que no entiende que el problema real por el que Cristo vino es nuestro pecado. El mensaje de salvación, contrario al mensaje del Evangelio Sin Cruz, no es sólo acerca de cómo encontrar la vida eterna. La vida eterna es el resultado de resolver nuestro problema del pecado que nos ha llevado a estar alejado de Dios. Efesios 2:1-3 describe el estado de la humanidad regenerada antes de Cristo como estar muerto en pecado, caminar de acuerdo con la corriente de este mundo, siguiendo la agenda de Satanás, viviendo en la lujuria, dando rienda suelta a nuestros deseos y bajo la ira de Dios. Nuestra condición espiritual es tan grave que no hay absolutamente nada que podamos hacer al respecto. Necesitamos un Salvador, y de acuerdo a la Escritura, ese Salvador es Jesucristo, pero ¿quién es Él?

La Persona de Cristo: ¿Qué hay que saber acerca de Jesucristo? El amigo ficticio de Hodges no sabe absolutamente nada acerca del Señor. ¿Es posible para él poner su fe en el mero nombre de Jesús para la vida eterna, cuando no tiene idea de quién es Jesús? No lo creo. Aunque no es necesario conocer todos los detalles de la vida de Jesús hay ciertas cosas que si se deben conocer. En 1 Corintios 15:3 Pablo declara como parte del evangelio que Cristo murió por nuestros pecados, por lo menos el mínimo que debemos saber quién es Cristo. Filipenses 2:6-7 identifica a Cristo como Dios y hombre. Era necesario que El fuese Dios o de lo contrario estaría descalificado para pagar por nuestros pecados. Pero también era necesario para El ser hombre para morir en nuestro lugar. Si bien todos los aspectos complicados de cómo Jesucristo puede ser a la vez hombre y Dios al mismo tiempo no puede ser entendido, el pecador debe tener alguna comprensión tanto de la humanidad y la deidad del Señor. Él no es sólo un hombre que pasa a ser el nombre de Jesús y afirma tener poderes salvíficos. Él es el Hijo de Dios encarnado.

La Obra Salvadora de Cristo: En el sistema de Hodges nada de la obra salvadora de Jesús tiene que ser conocido para que uno venga a la salvación. Sin embargo, el evangelio de Pablo enseñó que “Cristo murió por nuestros pecados” (1 Cor 15:3) - Él murió en nuestro lugar. Pedro escribe: “Porque también Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, después de haber sido condenado a muerte en la carne, pero vivificado por el espíritu” (1 Pedro 3: 18). Hebreos 10:14 dice: “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” Gran parte del registro dado a nosotros en los cuatro Evangelios se dio para dar testimonio de la obra de Cristo en la cruz y la resurrección. El argumento de Pablo en 1 Corintios 15 se envuelve alrededor de la importancia de la resurrección para el mensaje de salvación. En el versículo cuatro Pablo incluye la resurrección en su evangelio: #Y que fue sepultado y que resucitó al tercer día.” El continua diciendo: “Si Cristo no resucitó, entonces nuestra predicación es vana, vuestra fe es vana ... y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (vv. 14, 17). En todo el Nuevo Testamento, es evidente que los que vendrían a Cristo para la salvación deben entender que Él murió por sus pecados, ha resucitado de entre los muertos y por lo tanto es un Salvador vivo.

La Respuesta: Hodges cree que la salvación se recibe solo por la fe - hasta aquí esta bien. Pero ¿la fe en quien y para qué? Ciertamente, Jesús es más que un nombre al azar sin contenido. Y aquellos que creen en Él debe saber quién es Él y lo que ha hecho con el fin de recibir el don de la vida eterna. Es cierto que cualquiera que ponen su fe en Jesucristo será salvo (Romanos 10:9-10, 13), pero si no sabemos quién es Jesús (el Hijo de Dios encarnado), y lo que Él ha hecho (murió por nuestros pecados y ha resucitado de entre los muertos) no podemos poner nuestra fe en El.

Conclusión

En la crítica de Thomas Stegall del Evangelio Sin Cruz, este ex miembro de la Sociedad Evangélica de la Gracia escribe:

Lo que ahora se enseña como la nueva versión simplificada de la “buena noticia” es que una persona perdida puede recibir la vida eterna por “la fe en Cristo solamente,” sin embargo, sin necesidad de creer en, o incluso saber sobre la persona de Cristo y Su obra. De acuerdo con el nuevo y meorado evangelio, alguien no necesita creer en la deidad de Cristo, la muerte vicaria de los pecados, la resurrección corporal o ser verdaderamente nacido de nuevo. Siempre y cuando esa persona crea en el nombre de “Jesús”, incluso sin una comprensión de quién es o lo que Él ha hecho, tal “creyente” recibirá la vida eterna y será justificado por la gracia de Dios - al mismo tiempo que él cree que este “Jesús” le puede garantizar la vida eterna. [30]

En un intento sin duda de buena voluntad para no complicar el evangelio y de asegurar que las capas no bíblicas de los requisitos no sean puestos en el simple mensaje de salvación creo que los dirigentes del Evangelio Sin Cruz se han hecho pedazos el evangelio de todo sentido. Lo que se ha eliminado prácticamente no deja “buenas noticias” en absoluto. Pues de acuerdo con el mensaje sin cruz, el pecador no tiene por qué saber:

  • Su propia condición pecaminosa ni su necesidad de perdón
  • Su incapacidad para resolver el problema del pecado
  • Que Dios es el único Dios.
  • Que Dios es el santo Creador de todas las cosas
  • Que Jesucristo es el Hijo de Dios
  • Que Cristo Jesús se hizo hombre y, por tanto es el Dios-hombre
  • Que Jesucristo vivió una vida sin pecado
  • Que Jesucristo murió en nuestro lugar por nuestros pecados
  • Que Jesucristo resucitó de entre los muertos
  • Que Cristo Jesús está vivo y reina con el Padre en el cielo
  • Que Cristo Jesús no sólo ofrece la vida eterna sino el perdón de los pecados y la justicia de Dios.

Si alguien duda que esto es una representación verdadera del Evangelio Sin Cruz necesita volver a la ilustración del hombre abandonado de Hodges en el que esta persona pone su fe en el nombre de un hombre que promete vida eterna, a pesar de que no sabe quién sea este misterioso “Jesús”. Creo que esto es una grave distorsión del mensaje bíblico de la salvación.

Traducido por Armando Valdez


[1] Vea Arnold Dilimore, George Whitefield, Vol 1 (London: The Banner of Truth Trust: 1971), pp. 309-313.

[2] Zane Hodges, Absolutely Free , (Grand Rapids: Zondervan, 1989), p. 26. 26.

[3] http://www.faithalone.org/journal/2010i/1.pdf , pp. 18, 20.

[4] Hodges, pp. 31-32.

[5] Ibid., p. 28. 28.

[6] Ibid., pp. 38-39.

[7] Ibid., pp. 40-41.

[8] Ibid., p. 32. 32.

[9] David Anderson, Free Grace Soteriology (Xulon Press, 2010), p. 170. 170.

[10] Ibid., p. 31. 31.

[11] Ibid., pp. 34-35.

[12] http://www.faithalone.org/journal/1988ii/Farstad.html.

[13] Hodge, pp. 145, 146.

[14] Anderson, p. 138. 138.

[15] Ibid., p. 139. 139.

[16] Ibid., p. 128. 128.

[17] As quoted by Anderson, p. 213. 213.

[18] Ibid., p. 136. 136.

[19] Joseph C. Dillow, The Reign of the Servant Kings (Hayesville, NC: Schoettle Publishing Co., 1993), p. 385. 385.

[20] Ibid., p. 387. 387.

[21] www.faithalone.org/journal/2000ii/Hodges.htm , pp. 1-2 (emphasis his).

[22] Ibid., p. 3. 3.

[23] Ibid.

[24] Ibid.

[25] Ibid.

[26] William D. Mounce, Mounce's Complete Expository Dictionary of Old & New Testament Words (Grand Rapids: Zondervan, 2006), p.109,

[27] www.faithalone.org/journal/2000ii/Hodges.htm, p. 4. 4.

[28] Ibid., p. 5. 5.

[29] Ibid., p. 6. 6.

[30] Thomas L. Stegall, The Gospel of the Christ, a Biblical Response to the Crossless Gospel Regarding the Contents of Saving Faith ( Milwaukee: Grace Gospel Press, 2009), p. 32 (emphasis his).